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EL GOBIERNO SE MOSTRÓ DESMESUrado con los resultados de crecimiento del segundo trimestre del año, de 4,9% sobre el trimestre II de 2011.
El ministro Cárdenas afirmó que Colombia era una de las economías más dinámicas del mundo y que su alto coeficiente de inversión auguraba que el crecimiento se mantendría hacia el futuro.
Desde que se posesionó, Cárdenas dijo que acá no había enfermedad holandesa, algo que los datos sectoriales de crecimiento niegan de manera contundente: la industria decreció -0.6% y la agricultura creció sólo 2,2%, gracias a la recuperación del café, mientras que minería y petróleo continuaban con guarismos de 8,5%. El sector estrella esta vez fue la construcción, con un crecimiento del 18,4%, que es no transable por excelencia, síntoma de enfermedad holandesa en la que crecen los sectores que contienen rentas de exportación, se estanca la producción local de bienes transables y aumenta la producción de no transables.
En la construcción se recuperó la residencial, que venía de un bajonazo, y las obras civiles crecieron 6,3%. Estas incluyen las obras públicas, que también venían de comportamientos muy malos, debido a la poca capacidad de ejecución del gobierno, especialmente evidente en la emergencia invernal de hace 18 meses: los paliativos no han llegado a muchos de los municipios más afectados a la fecha.
Dentro de la minería, el carbón creció 15%, pero el petróleo lo hizo sólo al 4,4% y el níquel a un astronómico 83%, lo que nos hace preguntar acuciosamente: ¿Por qué Cerromatoso está produciendo tanto a pocos días de que se le venza la concesión? El oro también aumentó demasiado al 18% y eso sin contar su explotación ilegal.
El crecimiento de las importaciones durante el trimestre fue de 7%, mientras que las exportaciones lo hacían sólo al 2%, con un decrecimiento de -2% frente al trimestre I de este año. Lo anterior significa que el país continúa gastando más de lo que produce (desahorro) y hay sustracción de demanda a favor de las importaciones. La falta de ahorro nacional se confirma con las cuentas fiscales que, aunque han mejorado, siguen en rojo con un faltante del orden de $14 billones; este desequilibrio agrava la revaluación del peso, pues debe financiarse en parte con la inversión extranjera de portafolio que adquiere los títulos del Gobierno en el mercado local.
El Gobierno se comprometió a adquirir dólares en el mercado para complementar las acciones del Banco de la República y detener la revaluación del peso, pero, como se dijo, no tiene mucho margen y parece contentarse con el mejor recaudo, que aparentemente se debe más que todo a Ecopetrol. Sin acciones fuertes, nuestras instituciones no pueden contrarrestar la política ultra expansionista de la Reserva Federal de los Estados Unidos que devalúa el dólar.
El Gobierno había dicho que haría una reforma tributaria que produjera equidad social. El ministro Cárdenas anunció, sin embargo, que se mantendría la exención de impuestos para los dividendos, pues “los pequeños accionistas de Ecopetrol” iban a ser protegidos, encubriendo a los dueños de empresas y bancos que siguen sin tributar. Sólo lo han hecho con el impuesto al patrimonio, que es por una sola vez.
La marca de las sociedades más desiguales del mundo es que diseñan códigos tributarios generosos con los dueños de las empresas y duras con los asalariados y el crecimiento jalonado por la minería no hace más que aumentar nuestra inequidad.