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Año viejo, Mandela, Petro

Santiago Gamboa
27 de diciembre de 2013 – 04:46 p. m.

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Para los nacidos en los años sesenta, estas cifras de año que comienzan por 20… son realmente inquietantes, con una sonoridad fantasmagórica, más relacionada con George Lucas y su Guerra de las Galaxias que con la realidad.

Pero hay que acostumbrarse, pues ningún vivo adulto de hoy verá el cambio cuando los años empiecen por 21…

¿Qué quedará del 2013? Recordaré que murió Doris Lessing, escritora que admiro y cuya vida habría querido vivir: alguien que estuvo en todos los mundos y que dejó noticia de ellos en sus libros. También se fue Álvaro Mutis y poco después Nelson Mandela, que logró el consenso del universo y fue enterrado en funerales que podríamos calificar de “planetarios”. ¿Queda vivo alguien a quien el planeta rendiría un homenaje así? Me atrevo a pensar que García Márquez. También se recordará la llegada del nuevo papa, ese simpático argentino.

En Colombia lo más llamativo, aparte de los esfuerzos por defender el proceso de paz, es el affaire Petro, que tiene tanto de largo como de ancho porque si bien son normales los ataques de Ordóñez y del bisoño Miguel Gómez (¡su primer papel realmente protagónico en años de política y jugosos cargos públicos!), otros me desconciertan. Quienes trabajan con él dicen que es arrogante y despótico, y que no escucha a nadie. Qué raro, al menos dos amigos fueron convocados por Petro para opinar sobre ciertos temas, pero tampoco me consta que atendiera a sus palabras. Además me pregunto, ¿alguien escucha a alguien en Colombia? ¿Y en la larga y terrorífica historia del poder? El conde Lucanor escuchaba a su mayordomo, pero luego decidía. Los reyes reinan, los alcaldes ejecutan. El que grita y no es escuchado se lamenta, dice que es víctima del despotismo. “Egoísta es el que no piensa en mí”, dice el escritor Caparrós. Todo el que no se deja interrumpir es un déspota , pero en nuestra presuntuosa aldea feudal, si el arrogante es noble se dice que tiene un “pesimismo lúcido”; si trae apellidos como Petro o Urrego, en cambio, es sólo un creído de mal gusto.

Petro se jugó la vida denunciando la parapolítica durante el ochenio uribista, y su debate Orígenes del paramilitarismo en Antioquia es un documento para ser estudiado en todas las escuelas y colegios del país. ¿Qué hacía su bisoño detractor, Miguel Gómez, entre tanto? Era un joven embajador en París y, cosa muy importante para Colombia, portaba unas elegantísimas mancornas. En otras palabras: ejercía esa colombianísima dignidad que vale más que cinco doctorados y que consiste en pertenecer a la cofradía de los “Hijos de…”, o “Nietos de…”. O incluso “Sobrinos de…”, y así, mientras Petro sorteaba atentados para darle dignidad al Congreso, con el gobierno en contra, Miguel Gómez deambulaba por París con sus mancornas y, en sus ratos libres, se peleaba a muerte con María Zulema Vélez, designada para la Unesco en calidad de “Viuda de…”. Ambos decían del otro que era arrogante y déspota, como Petro. En fin, en un mundo de arrogantes y déspotas, lo mejor es esperar en silencio. Ya veremos cómo se resuelve todo en el 2014. Hasta entonces, muy feliz año.

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