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Economía y Eurocopa

Santiago Gamboa
29 de junio de 2012 – 07:50 p. m.

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Es imposible no ver simetrías entre la política, la economía y los deportes en Europa.

Esta semana, por ejemplo, Alemania se vio sometida a la presión de varios Marios, nombre latino por excelencia, obteniendo una amable derrota. En el plano económico y político el premier italiano, Mario Monti, unido a su primo Mariano I de España, logró en dura negociación que los países europeos necesitados de dinero queden eximidos de un control externo de su economía. En otras palabras:

Alemania no podrá meter su nariz en la banca española o italiana, por mucha plata que preste a bancos ítalos o íberos a costa del contribuyente alemán. Esto los alemanes, que se las saben todas, lo vieron como una derrota política, pues subvierte el principio de la regla de oro, la de que “quien tiene el oro pone la regla”. Por mucho que la Merkel diga que la plata se le da a los bancos pero los responsables son los gobiernos, y que no es plata regalada ni mucho menos, los alemanes —que ya se ven como capataces en Europa— sintieron que un balón mediterráneo irrumpía violentamente en su red.

Y es que sobre el terreno de juego el otro Mario, Mario Prandelli, técnico de Italia, hizo eso mismo con dos golazos soberbios de Mario Balotelli, joven con un carácter que raya en la bipolaridad y que, a decir verdad, muy pocos seleccionadores habrían puesto de protagonista, pero que está dando sus frutos al aproximarse la final. El Mario de los alemanes, Mario Gómez, delantero, no logró imponer su fuerza ni su ritmo y los hijos de Sigfrido (referido al mito clásico germano, no a nuestro exsecuestrado y político), de nuevo, bajaron la cabeza derrotados; incluso el Sumo Pontífice, papa Benedicto XVI, que es alemán a pesar de que Dios no tiene nacionalidad conocida, felicitó a Italia por la victoria contra los germanos.

Alemania, pues, intenta imponer su ley en la Unión Europea, pero igual que en las canchas, por ahora, se queda relegada. Los países díscolos del Tercer Mundo europeo, de economías turbias y desordenadas, se salen con la suya, a excepción de Grecia, la desdichada Grecia que recibió un castigo en los dos sentidos. Incluso Portugal podrá unirse a la sublevación si vence a Alemania este sábado, reafirmando que sobre el terreno no se impone el más rico. De hecho el que manda a los 22 multimillonarios que juegan es un tipo que gana dos mil dólares al mes y tiene un pito colgado al cuello.

En cuanto a la final entre Italia y España, es difícil para mí tener un favorito, pues son dos países en los que he vivido y que amo. La selección de Italia me cae bien. La cresta tribal de Balotelli versus la cara de “niño fresa” (gomelo) de Cesc. O Antonio Cassano, con su pasado de barrio bajo y sus mejillas capitoneadas por el acné (como las mías), frente a la carita de niño consentido de Torres. Me gusta esta selección italiana porque al fin tiene jugadores feos. En la Eurocopa y el Mundial anterior los seleccionadores podrían haber sido Dolce & Gabanna. Pero ya están diciendo en Roma que Pirlo es el mejor centro campista de Europa, y eso tampoco, ¡como si Iniesta o Xabi Alonso no existieran! Italia, en fútbol, se ama demasiado a sí misma. Y España, sin Villa y sin el bárbaro Puyol, creo, ganará otra vez, porque su fútbol es el mejor, lo mismo que sus tapas con cerveza, a pesar de la crisis.

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