Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Acabo de pasar unas semanas en Delhi, ciudad en la que fui diplomático y donde tengo muchos amigos, y nada más llegar, al percibir ese inconfundible aroma del aire, una mezcla de flores descompuestas, humo de madera, combustible y contaminación, me vino de inmediato, como siempre, la evocación de Octavio Paz, recordando que hace pocos días, el 31 de marzo, se cumplió el centenario de su nacimiento.
Paz tiene muchas ciudades en el mundo, pero en Asia la suya fue Delhi, no hay ninguna duda. Allá fue por unos meses segundo secretario y años más tarde embajador, cargo al que renunció en 1968 en protesta por la masacre de Tlatelolco. Es interesante releer sus primeras impresiones, o el modo en que las recordó años después, siendo ya un hombre mayor, cuando escribió Vislumbres de la India, que por cierto considero uno de los grandes libros de viajes escritos en español, sólo que al ser de Octavio Paz es al mismo tiempo muchas otras cosas: un tratado filosófico, un texto poético, un ensayo sociológico e histórico. Esto dice al inicio: “Nueva Delhi es irreal”, “no fue edificada lentamente, a través de los siglos y la inspiración de sucesivas generaciones, sino que, como Washington, fue planeada y construida en unos pocos años por un arquitecto: Sir Edward Lutyens. (…) Nueva Delhi fue concebida como una ciudad jardín. Por desgracia, en mi última visita, en 1985, me sorprendió su deterioro. El excesivo crecimiento de la población, los autos, el humo que despiden y los nuevos distritos, casi todos construidos con materiales baratos y en un estilo chabacano, han afeado a Nueva Delhi”.
Esta última es la Delhi de hoy: sobrepoblación, suciedad, deterioro; no obstante, conserva su sabor de espacio mágico en el que conviven todas las épocas del pasado simultáneamente, como si el tiempo fuera circular, una idea cara a Paz y al propio Julio Cortázar, que también habría cumplido cien años este año y que escribió Prosa del observatorio tras visitar a su amigo en la India. En la librería café Turtle, en el Khan Market, se encuentran los libros de Octavio Paz en inglés, sobre todo los relacionados con su estadía en el país: Ladera Este (1962-1968), Hacia el comienzo (1964-1968), Blanco (1966), y El mono gramático (1970). Es, junto a Bolaño, Neruda y García Márquez, la representación del idioma español en casi todas las librerías de la ciudad, pero Paz va más allá pues en las universidades indias hay infinidad de cátedras sobre su obra y su figura es recordada y venerada como la de un intelectual generoso, que les dejó mucho. Porque el modo de conocer culturas ajenas de Paz era entrando a ellas, mirándolas desde su interior. Al revés que Neruda, que miraba desde arriba y, desde ahí y a su manera, lograba también cosas extraordinarias.
Por todo esto, al acercarme emocionado a la famosa casa de Prithviraj Road, la histórica residencia de la embajada y sus jardines, donde Paz se casó bajo el árbol de mim con Marie-José, me embargó una profunda tristeza al ver que hoy ya no es la residencia de México. ¿Quién vive ahora ahí? ¿Qué pasó? No pude saberlo, pero tuve la sensación de que, quien fuera, no estaba en su casa, sino en una de las más importantes residencias de la literatura en lengua española.