Publicidad

Unámonos al Reino de Suecia

Santiago Gamboa
06 de abril de 2012 – 06:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Retrasado en temas informáticos, recién hace unos días descubrí que podía sintonizar los informativos radiales de Colombia por internet,…

Normal 0 21 false false false ES-CO X-NONE X-NONE Normal 0 21 false false false ES-CO X-NONE X-NONE /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:»Tabla normal»; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-parent:»»; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin-top:0cm; mso-para-margin-right:0cm; mso-para-margin-bottom:10.0pt; mso-para-margin-left:0cm; line-height:115%; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:»Calibri»,»sans-serif»; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:»Times New Roman»; mso-bidi-theme-font:minor-bidi; mso-fareast-language:EN-US;} /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:»Tabla normal»; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-parent:»»; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin-top:0cm; mso-para-margin-right:0cm; mso-para-margin-bottom:10.0pt; mso-para-margin-left:0cm; line-height:115%; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:»Calibri»,»sans-serif»; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:»Times New Roman»; mso-bidi-theme-font:minor-bidi; mso-fareast-language:EN-US;}

Retrasado en temas informáticos, recién hace unos días descubrí que podía sintonizar los informativos radiales de Colombia por internet, así que los he estado oyendo un poco cada día, una buena inmersión en el país y una gran nostalgia (trabajé siete años en RFI, en París), sorprendido a veces (lo hiperinformado que está el país sobre EE. UU.), o interesado (¡una buena entrevista sobre movilidad en Bogotá al alcalde Petro de 45 minutos!), pero también aterrorizado al oír en directo los niveles nacionales de grosería y violencia, como una pelea entre políticos costeños, no recuerdo los nombres y poco importa, algo que si no fuera tan grave la verdad es que sería para morirse de la risa, pues uno le decía al otro “¡usted es un súcubo!” y el otro le respondía “en su familia a usted le dicen la oveja negra”.

Lo aterrador es pensar que personas con ese nivel (quien habla así se retrata de un modo que es extensivo al resto de su comportamiento) hayan sido alcaldes, senadores, gente con poder burocrático y ordenadores del gasto, y peor aún tener motivos para suponer que, en el fondo, la gran mayoría debe ser por el estilo. Recordé hace años, en un avión, a un egregio congresista que insultó a la cabinera porque le pidió que pusiera el maletín en el compartimiento, diciéndole: “¡Es que usted no sabe quién soy yo!”. No, ninguno de los que estábamos ahí sabíamos quién o qué era, aparte de un patán. O un alto funcionario del anterior gobierno que, de visita en París, rechazó ofendido una copa de vino Saint Emilion en una cena, gritando: “¡Yo no tomo trago, tráigame una coca cola light!”. Nadie está obligado a que le guste el vino, obvio, pero hay modos de decir no. Sobre todo después de haber visto en Señal Colombia, en directo, la horripilante escena de los congresistas comiendo paella en el hemiciclo y bajándola con whisky, cuando se decidió que para evitar el ausentismo se les daría ahí mismo el almuerzo. Ay, las formas, en política, se vuelven contenido, y estos personajillos son los mismos que, después, ve uno en las noticias arrestados por trampas y robos, o por ese robo superior que es la parapolítica. ¿Qué diferencia hay entre un político y un ladrón?, se preguntó hace poco el humorista brasileño Millôr Fernandes (muerto recientemente), y la respuesta: “La diferencia es que al primero lo elijo yo, mientras que el segundo me elige a mí”.

¿Qué se puede hacer? Recordé la solución que desde hace tiempo viene promulgando el gran Álvaro Mutis (que el año entrante cumple 90), y que consiste, como dice él, en devolverle “esta enorme hacienda llamada Colombia a la corona española”. Bueno, con la quiebra y la corrupción de España no vale la pena, pero en cambio se la podríamos ofrecer a la corona sueca: una República asociada a la Konungariket Sverige. Los suecos son tolerantes, respetuosos del medio ambiente y los derechos humanos, con grado cero de corrupción; son antirracistas y solidarios. Y son silenciosos. Justo lo que nos hace falta (sobre todo un poco de silencio). Que al lado de algunos nuestros (pocos) vengan a dirigir este país por diez años, mientras se limpian las sábanas y se airea la casa. Puede que a ellos les interese, al fin y al cabo ya nos dieron un Nobel.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido