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Comenzó la campaña

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CON EL DISCURSO DEL PRESIDENTE obama en la Universidad de Arizona, honrando a los muertos y a los heridos del atentado contra la representante Gabrielle Giffords, y sin que haya sido su propósito, comenzó la campaña a la presidencia de los Estados Unidos.

El escenario donde tuvo lugar el evento —el estadio de la universidad— parecía más una manifestación política que una ceremonia enalteciendo a las víctimas del atentado. Por estos días, el debate en ese país se ha centrado en la causalidad que podría existir entre el lenguaje y la narrativa de la extrema derecha, en particular del Tea Party y su líder Sarah Palin, y este acto violento perpetrado por un desequilibrado mental. Dicho debate no es trivial, es muy importante porque en una sociedad de seres simbólicos y lingüistas, como somos los humanos, lo que se diga o no se diga y cómo se diga, tiene consecuencias. Pero lo que realmente estará en juego en los próximos 22 meses, hasta las elecciones presidenciales de 2012, será el modelo de sociedad de los norteamericanos. Y, querámoslo o no, por su importancia en el mundo y por nuestra cercanía a los Estados Unidos, todos quedaremos involucrados de una u otra forma en ese debate. La crispación política que ha acompañado el gobierno de Obama está reflejando al menos dos posiciones sobre el tipo de país que quieren los norteamericanos. Por un lado, están los sectores situados hacia la extrema derecha que reclaman un modelo de libertades negativas, plasmadas en la primacía de los derechos civiles y un concepto de justicia de estricta igualdad de los ciudadanos ante la ley. Esta visión, respaldada por el llamado Tea Party, exige un Estado mínimo y el estrictamente necesario para garantizar muy poco más que dichos derechos civiles de los ciudadanos. En el otro extremo, se encontraba el proyecto original del presidente Obama al llegar al gobierno, con un concepto de libertades que van más allá de las negativas hacia las libertades positivas, con el fortalecimiento de los derechos políticos y con un concepto de igualdad, no sólo de los ciudadanos ante la ley, sino  por lo menos de igualdad de oportunidades, sin llegar de ninguna manera a las igualdades fácticas que proclama el Estado Social de Derecho. En algunos campos, como en la salud, Obama intentó aproximarse a lo que en Europa se conoce como el Estado del Bienestar, pero fue tal la reacción de la derecha, que lo ha acusado de comunista, y también sectores centristas e independientes se han desilusionado, sin duda muy afectados por la peor crisis económica desde los años treinta, por lo cual el presidente fue forzado a moverse al centro del espectro político, desechando sus políticas redistributivas más ambiciosas, haciendo concesiones a la gran empresa y realizando una gran reorganización de su equipo de gobierno.

A pesar de la derrota en las elecciones parlamentarias y aún antes de su extraordinario discurso de la Universidad de Arizona, la estrella política del presidente ha estado mejorando. Sus niveles de aprobación subieron al 50 por ciento, la economía ya está generando más de 150 mil empleos netos por mes, la bolsa de Nueva York se acerca a los 12 mil puntos y se prevé que la tasa de crecimiento se situará en 3,5% en 2011. Si la economía es capaz de generar cerca de 400 mil puestos por mes hacia finales de 2011 y si el Partido Republicano permanece secuestrado por los extremistas del Tea Party, Obama tiene una probabilidad elevada de ser reelegido.

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