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Pese a que, por los resultados del plebiscito, muchos analistas ven a los colombianos como un puñado de salvajes, quiero resaltar varios elementos positivos de lo sucedido.
Primero, la organización electoral funcionó ejemplarmente. A los 45 minutos de cerradas la urnas ya había un claro resultado, unánimemente aceptado, un hecho muy importante y consistente con nuestra larga tradición democrática y republicana. Contrario a lo que opinan muchos, me sorprendió el número de votantes: casi un 40 % del potencial electoral y sólo 5 % menos que en las elecciones presidenciales. En Colombia la abstención, como en los Estados Unidos, siempre ha sido muy elevada, ese es un problema estructural que tenemos que resolver, pero no se iba a reparar ahora y menos en una elección atípica, como un plebiscito. Segundo, es de resaltar el espíritu de reconciliación que se planteó por todos los actores políticos, una vez conocidos los resultados, comenzando por el presidente Santos, los expresidentes Uribe y Pastrana y el jefe de las Farc. Sin excepción, todos llamaron a un gran acuerdo nacional para alcanzar la paz. A las pocas horas, dicho acuerdo fue acogido por otros actores, como el Consejo Gremial Nacional, y tres días después se plasmó en un apretón de manos entre el presidente Santos y los expresidentes Uribe y Pastrana. Tercero, seguramente por los mensajes conciliadores de todas las partes, hasta ahora, la economía no se ha resentido, la tasa de cambio y las tasas de interés han mantenido prácticamente sus niveles anteriores al plebiscito. Naturalmente, el sector privado y los mercados internacionales están a la espera de la radicación del proyecto de reforma tributaria para conocer su contenido. Cuarto, antes y después del plebiscito, es de destacar la participación de los jóvenes. En su mayoría a favor del Sí, desde hace mucho tiempo no se veía a las nuevas generaciones movilizándose en esa forma, y eso da una luz de esperanza para la regeneración de la política en nuestro país. En una sana democracia, republicana y liberal, como la que a muchos nos gusta, necesitamos una constante renovación de los actores políticos y la participación activa de las nuevas generaciones.
Quinto, y no menos importante, el Nobel al presidente Santos no sólo premió su constancia y tenacidad en buscar la paz, sino también a todos los colombianos y colombianas, cuando destacó que el plebiscito no fue entre los querían y los que no querían la paz, sino entre dos formas diferentes de acuerdo, muy en línea con el mensaje central del presidente la noche del domingo y con la narrativa de los promotores del No.
Pero, contra todo pronóstico, el hecho central es que ganó el No y esto ha hecho necesarias dos actuaciones. Primero, hace urgente mantener el cese del fuego bilateral y las condiciones de seguridad y de manutención de la guerrilla ad portas de desmovilizarse. Y, segundo, hace necesario sentarse a renegociar el acuerdo. Lo más lógico y razonable es que se comience a partir del texto ya acordado por el gobierno y por las Farc y que a ese texto se le hagan las modificaciones que sean necesarias para llegar a un gran acuerdo nacional.
No sé cuánto tiempo pueda tomar alcanzarlo, quizá mucho más del que esperan algunos, pero, en el espíritu de conciliación que se ha planteado, sólo queda perseverar y echar pa’lante.