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Durante las dos próximas semanas, en el marco de la Feria del Libro de Bogotá, los colombianos tendremos la oportunidad de escuchar las conferencias y charlas de un grupo extraordinario de escritores y artistas del país invitado, Perú, encabezados por el nobel Mario Vargas Llosa.
Se hablará mucho de la literatura, el teatro y la música del Perú, pero nada o muy poco de la revolución silenciosa de su economía, quizá el hecho económico y social más importante de América Latina en los últimos quince años.
Porque, con un crecimiento superior al 6% durante ese período, se ha reducido drásticamente la pobreza, se ha formalizado mucho empleo, ha crecido la clase media, ha mejorado la distribución del ingreso y se ha diversificado la producción de bienes y servicios. La hiperinflación, el caos y la violencia de Sendero Luminoso, de los años ochenta, o el proyecto autocrático de Fujimori y las maquinaciones mafiosas de Montesinos, de los noventa, son recuerdos fantasmagóricos que, viendo la pujanza actual, a veces parecen más ficción que realidad.
Es más fácil relatar estos buenos resultados, pero más difícil explicar sus causas, sin embargo hay que intentarlo. Primero, es un crecimiento hacia fuera, jalonado por sectores exportables, como la minería, el turismo, la industria gastronómica, las manufacturas, como las confecciones, y la nueva agricultura de la costa. Más pequeña que la de Colombia, la economía del Perú no puede tener un crecimiento alto y sostenido sobre su mercado interno, que es apenas equivalente a un barrio de Nueva York, como el Bronx. Segundo, el crecimiento se ha sustentado en una política macro muy ortodoxa, con superávits fiscales, que han evitado la apreciación exagerada de la moneda y la consecuente enfermedad holandesa, y han ayudado a mantener baja inflación y reducidas tasas de interés. Tercero, el crecimiento ha sido jalonado por la inversión privada, nacional y extranjera, en todos sus sectores, incluyendo importantes inversiones colombianas, como las de ISA y EEB, que son los principales transmisores de electricidad.
Cuarto, el auge minero ha sido concomitante a la extraordinaria expansión de la agricultura de exportación de la costa y también la de la sierra, que se han visto favorecidos con los TLC, especialmente con el de los Estados Unidos. Quinto, en lugar de repartir subsidios con plata que no tiene o de proteger y favorecer a sectores con aranceles, el Estado peruano se ha dedicado a proveer bienes públicos de alta calidad. Entre estos, hay que resaltar el combate al terrorismo, con la liquidación de Sendero Luminoso, los distritos de riego para abastecer la nueva agricultura de la costa y el proceso exitoso de titulación de tierras rurales y urbanas.
Pero, quizá, el bien publico más importante y el menos conocido es el sistema de planeación financiera —un ERP, llamado Sistema Integrado de Administración Financiera, SIAF— con el que se maneja la ejecución del presupuesto del gobierno central y de todos los departamentos y municipios del país. Por estar disponible en línea a cualquier ciudadano y de operar en tiempo real, el SIAF se ha convertido también en un instrumento central de transparencia y terror de los ladrones y políticos corruptos.
Por todas estas razones, no cabe duda que los colombianos tenemos que estudiar y aprender de esta revolución silenciosa del Perú, que nos llena de asombro, tanto o más que las obras de sus grandes escritores y artistas.