El sesgo de selección

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En las discusiones de política económica se cae con mucha frecuencia en lo que en psicología se denomina el “sesgo de selección”. Tendemos a juzgar, por ejemplo, la fortuna de todos los tenores por la suerte de los famosos y millonarios, como Plácido Domingo o José Carreras. Pero hay quizá miles de tenores en todo el mundo que cantan de noche en algún local, pero de día tienen que trabajar en un McDonald’s o en un Starbucks para sobrevivir. Lo mismo sucede con los tenistas, bailarines o futbolistas. Y también con los empresarios y con las empresas. Por lo general, los medios de comunicación presentan los hechos notorios de las grandes empresas y los sucesos de sus congresos anuales en Cartagena y, por ello, mucha gente tiende a creer que así son todas. Infortunadamente, no lo son, porque la gran mayoría de las empresas de Colombia son informales. Para dar unas cifras: de un millón y medio de empresas existentes, solo 440.000 (un 30 %) declaran impuesto de renta y solo 3.400 pagan un 80 % del impuesto de las personas jurídicas (una quinta parte del 1 %).

Y si eso sucede con las empresas, algo similar sucede con los trabajadores. El ingreso típico de un trabajador colombiano no es el que paga el Estado o una de esas empresas que asisten a las convenciones de Cartagena. En el Estado y en las grandes empresas, los empleados y trabajadores ganan por lo menos el salario mínimo y lo reciben todos los meses del año. Otra vez, como me gustaría que así fuera en todo el país, pero la realidad es muy distinta. Según la definición de la OCDE, un trabajador es formal si cotiza a la seguridad social. Con esa definición y según las encuestas de hogares, de los 22 millones de ocupados, solo ocho millones pagaron la seguridad social en el mes anterior a la encuesta y, por lo tanto, son formales (un 63 % son informales) y, además, diez millones respondieron que su ingreso fue inferior a un salario mínimo. Pero si se pregunta cuántos cotizaron a la seguridad social durante por lo menos nueve meses del último año, la respuesta es de solo 2,4 millones de trabajadores. Es decir, según esta definición más estricta, la informalidad en Colombia estaría cercana al 90 %.

Así, la gran mayoría de los trabajadores en Colombia no tienen un contrato formal ganando por lo menos el mínimo, no cuentan con capacitación en el SENA y si requieren un crédito se ven forzados a endeudarse en el llamado “gota a gota”. ¿Por qué hay tantas empresas y trabajadores informales? Para el profesor Christopher Pissarides, Premio Nobel de Economía, los costos de la contratación en Colombia son demasiado elevados. Según él, la brecha entre el salario medio (que es una expresión de la productividad laboral) y el salario mínimo es una de las más reducidas del mundo. De esta forma, un incremento por decreto del salario mínimo aumentaría aun más la informalidad laboral y sería devastador para la gran mayoría de las pequeñas y medianas empresas, formales o aspirantes a formalizarse, precisamente las que no asisten a las convenciones en Cartagena, jamás salen en la televisión y casi nadie las defiende ni representa. Presentada con las mejores intenciones, esta propuesta tendría consecuencias completamente opuestas a las inicialmente esperadas.

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