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Idea loable pero insuficiente

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El anuncio del gobernador de Nariño, Camilo Romero, de implementar un sistema de gobierno abierto del departamento, denominado Gana, es un paso importante para modernizar la administración pública, pero me temo que insuficiente.

La idea es tener un gobierno “transparente, participativo y trabajador”, con informes mensuales de gestión e insumos del trabajo de las diferentes secretarías, cuyos contenidos puedan ser accesibles en línea para la ciudadanía.

La acción de mayor impacto la esperan lograr con la publicación de las declaraciones patrimoniales juramentadas de los funcionarios, con lo cual la nueva administración expresa su voluntad política por la transparencia frente a la ciudadanía.

Políticamente, es una iniciativa oportuna, pues responde a una inquietud creciente en Colombia, según la cual la corrupción se ha expandido exponencialmente, alcanzando cotas jamás imaginadas y penetrando en sectores que parecían incólumes a este flagelo. En otros países, como España y Chile, la ciudadanía ha respondido a las denuncias de corrupción en forma contundente, incluso con la formación de nuevos grupos y movimientos políticos que tienen esta cruzada como su plataforma central. No es de extrañar que movimientos semejantes se produzcan entre nosotros y que, como en España, puedan incluso causar un estremecimiento político de alcances impredecibles, pues, aunque muchos no lo crean, la paciencia y la tolerancia de la gente tiene sus límites.

Pero, para que programas contra la corrupción se tornen en acciones permanentes y efectivas, y no sólo en cruzadas de buena voluntad, es crucial comprender que lo que alimenta la corrupción son las asimetrías de información que existen entre los gobiernos y los ciudadanos, e incluso entre las diferentes agencias y entidades en el interior de los gobiernos. Unos tienen información que otros no tienen, o unos tienen más y mejor información que otros, o unos obtienen la información antes que otros.

En estas condiciones, entonces, se requiere implementar un sistema que tenga la capacidad de proveer información, por ejemplo, de la ejecución del presupuesto, con dos características: que sea accesible para todos y que esté en tiempo real. Hace 20 años eso era impensable, pero con la revolución de las TIC ya es posible tenerlo. En lenguaje técnico, esos sistemas se conocen como sistemas de planeación financiera (en inglés, ERP), de los cuales el más conocido es el SAP. Hoy en día cualquier empresa privada de más de 100 empleados cuenta con un sistema de esta naturaleza. Es un sistema de manejo gerencial que permite hacer seguimiento inmediato a todo lo que sucede en todas las áreas de las empresas.

Un sistema así permite, por ejemplo, conocer la creación de un compromiso de gasto, el desembolso de recursos para todo tipo de rubros, la situación de tesorería, o a quién y en qué monto se le paga y con qué fuente de recursos, todo en tiempo real. La buena noticia es que un país como Perú ya tiene implementado este sistema para todo el Estado, desde el Gobierno hasta el más pequeño de los municipios.

Colombia está en mora de implementarlo en todas sus entidades públicas. En el Gobierno Nacional los intentos que se hicieron en esta dirección desde la década pasada han quedado, infortunadamente, a mitad de camino. Lo que habría que esperar, entonces, es ver quién será el primer alcalde o el primer gobernador que tiene la voluntad política para hacerlo.

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