Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El proceso de negociación entre el gobierno de Colombia y las Farc ha sido posible porque, desde hace ya varios años, la correlación de fuerzas militares y políticas a favor del Estado se encuentra en su punto más alto de la historia de este conflicto.
Como bien lo ha argumentado Shlomo Ben Ami, exministro de Exteriores de Israel y uno de los mejores expertos del mundo en negociación de conflictos, las llamadas guerras asimétricas se explican por razones estructurales, unas dadas por la historia y otras por la geografía. Pero, mientras en muchos países la historia es más importante que la geografía, según Ben Ami, en Colombia la geografía ha sido la parte más importante.
Naturalmente, los territorios con geografías muy complejas no generan automáticamente un conflicto o una guerra asimétrica, porque, si así fuera, un país como Noruega estaría en guerra permanente. Es la geografía, más otros factores, como acceso a recursos ilegales y la débil presencia del Estado en regiones aisladas y periféricas, lo que explica las guerras asimétricas. En esas condiciones, algunos países han mantenido conflictos internos de baja intensidad, como la India, que ha contado con una guerrilla desde 1967, el grupo maoísta de los Naxalitas.
Así habían existido las Farc desde su fundación en los años sesenta, pero en la segunda mitad de los noventa incrementaron muchísimo su aparato militar y estuvieron cerca de tomarse el poder, por cuatro razones. Primero, por su vinculación al comercio ilegal de drogas, lo cual, según Joaquín Villalobos, las convirtió en el primer cartel del narcotráfico del mundo con ejército propio. Segundo, porque en ese período el ejército de Colombia se dividió y la dirigencia colombiana se polarizó como pocas veces lo había estado, por el Proceso 8.000 y sucesos como el asesinato de Álvaro Gómez. Tercero, porque las Farc contaron con el apoyo de Hugo Chávez, quien acogió a sus dirigentes, les suministró ayuda militar y económica y les permitió mantener campamentos en su territorio. Cuarto, porque a la polarización política y la división de la clase dirigente y de las fuerzas armadas, se unió la peor crisis económica que había tenido el país desde la Gran Depresión de los años treinta.
En esas condiciones, las Farc tuvieron la capacidad de impactar militarmente a las fuerzas armadas y controlar amplios espacios de territorio, aunque jamás llegaron a controlar ciudades grandes, como sí lo hizo la guerrilla salvadoreña, que llegó a tomarse durante meses amplios sectores de San Salvador.
Pero la política de seguridad de los gobiernos de Uribe y Santos revirtió esa situación, las golpeó en forma contundente y las forzó a acudir a la mesa de negociación. Aunque jamás lo van a reconocer, las Farc están muy debilitadas militarmente y es evidente el fracaso de su proyecto histórico de tomarse el poder por medio de las armas.
Así, el proceso de negociación debe proseguir, pero su culminación exitosa no está asegurada. Sería muy importante que, la que ha sido hasta ahora una política de gobierno, se transforme en un política de Estado con la vinculación al proceso de negociación de todos los grupos políticos, incluyendo al Centro Democrático. Además, se debería fijar una fecha para la culminación de las negociaciones, porque las Farc y sus aliados están prolongando indefinidamente el proceso. Pero también están agotando la paciencia de los colombianos.