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Es increíble la paciencia que hemos desarrollado en Colombia frente a la pésima calidad de muchos servicios públicos o de la infraestructura de transporte.
En la telefonía celular, parece que se está llegando a un límite y la gente ya ha comenzado a protestar por la caída de las llamadas y, en general, por el mal servicio. Pero en otras áreas, como en el servicio de transporte, no ocurre lo mismo. A pesar de los altos impuestos de rodamiento que pagamos, ¿hasta cuándo tendremos que soportar los huecos de las calles? ¿Porqué no nos permiten que todos o parte de nuestros impuestos vayan a unos fondos locales para tapar los huecos de las calles de nuestros barrios? Pero, quizá, es peor el transporte en las carreteras. Aquí nos hemos acostumbrado a que todo lo que hay que exigirle a un concesionario es que no haya huecos en las carreteras. Pero ni a las autoridades ni a los usuarios de las vías parece importarles el tiempo que se tarda en llegar a los lugares de destino, o las demoras en los peajes, o los carros que se parquean sobre las vías, o los inconvenientes y demoras que experimentamos en los pasos por las poblaciones. ¿Alguien se ha preguntado si existen manuales o protocolos para los motociclistas o para los ciclistas y peatones sobre unas normas mínimas que deben seguir en las calles o carreteras? ¿Cuántos muertos más serán necesarios para que alguien defina si las motos están autorizadas a adelantar a los automóviles por el costado derecho?
Me cuentan que en los dos fines de semana largos fueron muchos los inconvenientes sufridos por los usuarios de varias carreteras, como, por ejemplo, la de la vía Bogotá-La Mesa-Tocaima-Girardot. Un experto en transporte me comentaba que el costo de los peajes por kilómetro de esta vía es dos veces lo que cuesta una autopista típica en Chile, que es de doble calzada. Pero, si se tuviesen en cuenta todos los servicios que presta la vía, el costo para el usuario de esta vía sería de varios múltiplos más. Porque, además de ser dobles calzadas, en Chile, por ejemplo, ya aislaron las vías en los cruces de las ciudades y pueblos. Acá no. Las carreteras se han convertido en una calle más del pueblo, cuando no en la “avenida principal”. En días de puente, es una verdadera pesadilla cruzar por Funza, o por La Gran Vía, o por La Mesa, o por Anapoima o por Tocaima. Me dicen usuarios que en el último puente, al tratar de pasar por La Mesa, no los dejaron seguir por la carretera y fueron obligados a cruzar por la calle principal del municipio y lo que debió tardarse unos cinco minutos se convirtió en más de media hora. Es increíble que, en carreteras donde se pagan peajes tan caros, existan semáforos, como en la vía de Funza, o hayan permitido construir un Colsubsidio al pie de la vía y con muy pocos espacios para parquear, como en La Mesa, o hayan autorizado que la estación de buses se sitúe sobre la misma calzada y que ésta se convierta en lugar de parqueo, como sucede en Anapoima. Los usuarios tenemos que unirnos y debemos protestar. Y lo mínimo que debemos exigir es que, en días de pésimo servicio, no haya cobro de peajes.