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Cada semana que pasa, las noticias que llegan desde Venezuela son más preocupantes. Ya le formularon cargos a Leopoldo López y los jueces le quitaron a María Corina Machado su investidura parlamentaria, cumpliendo la orden que les dio Diosdado Cabello, presidente de la Cámara de Diputados.
Este mismo sujeto también ordenó a los jueces abrirles cargos por difamación a Teodoro Petkoff y a otros periodistas del periódico Tal Cual. Los muertos por las revueltas ya suben a 39 y Amnistía Internacional y otras agencias han denunciado que son ya 60 los miembros de la oposición que han sido torturados por la seguridad del régimen venezolano.
Entre tanto, siguen las manifestaciones de protesta y las barricadas en las calles de varias ciudades. Con el paso del tiempo, la exasperación de la gente crece, no sólo contra el Gobierno, sino también contra los líderes de la oposición que no son capaces de ponerse de acuerdo en las acciones a corto, mediano y largo plazo. En tanto Henrique Capriles ha optado por no apoyar las protestas de la calle en espera de los próximos comicios electorales, el movimiento estudiantil parece haber desbordado a sus dirigentes políticos.
Los únicos que parecen estar tranquilos son los cubanos, quienes controlan el sistema de migración y la expedición de pasaportes, las notarías y los registros mercantiles, amplias esferas de las fuerzas armadas y las agencias de inteligencia, y se aseguran un buen abastecimiento de petróleo regalado, sin el cual su economía colapsaría.
¿Cómo se vive en Colombia la crisis de Venezuela? Son increíbles el silencio y la indiferencia, no sólo de la gente y de los partidos de izquierda, sino también de sectores de centro y de muchos demócratas que deberían expresar su preocupación sobre la extinción de la democracia en el hermano país. Son de resaltar los pronunciamientos de los expresidentes César Gaviria y Belisario Betancur, manifestando su preocupación y llamando al Gobierno a un diálogo con la oposición. Lo mismo han hecho algunos pocos intelectuales y columnistas de los periódicos. Pero el silencio de los partidos ha sido abrumador.
En el interior del Gobierno parece estar sucediendo una situación curiosa e incoherente. Por un lado, el presidente Santos ha tenido una actuación valerosa al haber recibido personalmente a Henrique Capriles, después de las elecciones presidenciales en la cuales el líder de la oposición parece haber salido triunfante, y, posteriormente, hacer un llamado al diálogo entre el Gobierno y la oposición venezolanas. Por ambas actuaciones se ganó protestas y gritos destemplados por parte de Nicolás Maduro y otros miembros del régimen.
Pero, mientras el Palacio de Nariño mantiene una línea de relativo distanciamiento y crítica moderada a Miraflores, es incomprensible la actuación de nuestra Cancillería. En particular, es muy oscura la posición que fijó frente a la visita de María Corina Machado a la OEA. Si bien nuestro embajador votó a favor de que la sesión fuese abierta a los medios de comunicación, se abstuvo para que Machado hablara en la sesión privada. Es increíble que un demócrata como Andrés González no haya votado a favor de permitirle a Machado hablar en una sesión que era privada, actitud que sólo se explica por una orden llegada desde nuestra Cancillería en Bogotá. ¿Por qué actúa así la Cancillería? ¿Qué es lo que impide una actuación digna de Colombia frente a los sucesos de Venezuela?