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¡Vamos, Nairo!

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El 23 de agosto comienza la Vuelta a España con la participación de un distinguido grupo de ciclistas colombianos, encabezados por Nairo Quintana.

Considerado uno de los favoritos, si él u otro colombiano gana, 2014 se convertirá en el año más fecundo del deporte colombiano en toda la historia. El triunfo de Nairo y el segundo lugar de Rigoberto Urán en el Giro de Italia, la llegada a cuartos de final de la selección en el Mundial de Brasil, los triunfos recientes de Mariana Pajón y de Caterine Ibargüen, entre otros, son resultados que parecen indicar un cambio de tendencia en el deporte de nuestro país.

En una perspectiva de más largo plazo, el punto de inflexión parece haberse dado en los pasados Olímpicos de Londres, cuando nuestros deportistas lograron un elevado número de medallas, suceso que causó admiración y envidia en toda América Latina.

Por supuesto, constatar el fenómeno es mucho más fácil que explicar por qué, y ahora se produce este surgimiento tan extraordinario como bienvenido. Y, como en todos los fenómenos humanos, no hay explicaciones singulares ni causalidades unívocas. Con toda razón, el notable filósofo de Tréveris argumentó que “lo concreto es concreto porque es unidad de lo diverso y síntesis de múltiples determinaciones”. Y, para complicar las cosas, si hasta en la biología evolutiva y en la física dura hay procesos de emergencia y de contingencia, también en los procesos humanos y sociales, como el deporte.

Por eso, más que de explicaciones definitivas podemos hablar de ciertas condiciones que son necesarias para que sucedan unos fenómenos y no otros. Así, una condición necesaria, pero no suficiente, para la emergencia del deporte colombiano a nivel mundial parece estar relacionada con la apertura de nuestro país al mundo desde hace algo más de dos décadas.

De un momento a otro, equipos internacionales comenzaron a contratar en forma masiva a futbolistas y, más recientemente, a abrir escuelas de fútbol en nuestro país. En el ciclismo, años después de la labor pionera e individual de Giovanni Jiménez, Cochise Rodríguez o Rafael Niño, los equipos de marca comenzaron a contratar a nuestros ciclistas, llevarlos a Europa desde muy jóvenes y acostumbrarlos a hábitos de alimentación y preparación adecuados. Muchos atletas también se vincularon a las universidades norteamericanas, en donde adquirieron los métodos y las mejores técnicas de sus disciplinas.

En alguna medida, esta apertura al mundo fue también lo que permitió que Shakira y Juanes sean celebridades mundiales de la canción, Fernando Botero de la pintura, y fue lo que hizo posible que García Márquez sea uno de los grandes de la literatura universal y que Colombia cuente con otros escritores de primera línea como Álvaro Mutis o Fernando Vallejo, por sólo mencionar a la generación anterior.

Si James, Falcao, Shakira o García Márquez se hubiesen quedado en Colombia, o si nuestro país hubiese impedido la contratación a los equipos de marca de ciclismo, o a los de fútbol, o si les hubiésemos impedido la entrada a las casas editoriales del mundo, nada de esto hubiese sido posible.

Qué bueno sería que esta actitud —este cambio de mentalidad— se extienda a otras actividades, dejemos tanto parroquialismo y haya más apertura, por ejemplo, en la política, la academia y la economía. Entre tanto, esperemos que, como la selección, Nairo nos ponga otra vez a soñar.

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