Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Hace unas semanas surgió un tema al cual no se le ha prestado mucha atención, pero es una buena noticia para Colombia. Los presidentes Chávez y Uribe acordaron empezar a discutir un convenio binacional para regular las relaciones comerciales entre Colombia y Venezuela.
Es una buena noticia debido a que a raíz de la salida de Venezuela de la Comunidad Andina, a partir de 2011 Colombia no tendrá ningún acuerdo de comercio vigente con dicho país. Lo anterior, debido a que las reglas del Acuerdo de Cartagena establecen que los productos colombianos pueden continuar entrando al mercado venezolano sin pagar aranceles, sólo hasta cinco años después del retiro de ese país de la CAN. Y si no se acuerda algo distinto, empezaremos a ser tratados como cualquier otra nación, lo que claramente nos colocaría en desventaja frente a competidores como Brasil, quienes fácilmente nos podrían desplazar en varios sectores.
Al ser Venezuela el segundo socio comercial de Colombia y el primer destino de las exportaciones de bienes de mayor valor agregado, se entiende la importancia de contar con un instrumento jurídico que regule las relaciones comerciales bilaterales. Sin embargo, las discusiones no serán fáciles. Ese acuerdo, además de mantener las condiciones vigentes para el intercambio comercial, es decir, cero aranceles y cero restricciones al comercio, deberá contener reglas claras en materia de protección de inversiones y garantizar que los pagos por las operaciones de comercio exterior entre ambos países se puedan realizar libremente. Además deberá referirse al Convenio Automotor. Temas bastante complicados en Venezuela.
Asimismo, deberá contemplar un mecanismo efectivo de solución de controversias que dé seguridad para que los compromisos adoptados se cumplan y no sean letra muerta, como sucede muchas veces. De otro lado, dicho convenio deberá tener en cuenta sus efectos en otros acuerdos comerciales. Por ejemplo, en materia de preferencias a los bienes agrícolas, es crucial que quede establecido que éstas no son distintas a las que ya existen, para evitar que se deban dar también a otros países, como E. U., en virtud de la cláusula de preferencia acordada en el TLC.
Lo importante es empezar a estructurar ese convenio para lograr un acuerdo antes de dos años, y así garantizar un comercio fluido entre los dos países en el largo plazo, a pesar de las dificultades políticas que no es extraño puedan aparecer.