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Otra vez la CAN

Santiago Rojas
17 de agosto de 2008 – 04:00 p. m.

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La Universidad de Maastricht, con ocasión de los 50 años de las Comunidades Europeas, publicará un libro sobre integración económica, y me pidió que escribiera unas páginas sobre la Comunidad Andina y su paralelo con la Unión Europea.

Al terminarlo sentí un poco de vergüenza, pues hacía un análisis detallado de los tratados de la CAN, sus instituciones, el derecho comunitario, sus propósitos, y explicaba cómo la integración andina ha emulado a la integración europea, al menos en el papel. Pero en el fondo sabía que en la realidad las cosas son distintas. Los presidentes de Colombia y Ecuador pelean —los países ni siquiera tienen relaciones diplomáticas—, Evo Morales insulta a Alan García, y cualquier intento de avance al interior de la CAN sufre por la división ideológica entre sus miembros.

La intención de conformar un bloque económico, donde los bienes circulen libremente, se tenga una aduana única, un arancel externo común, movilidad de trabajadores sin dificultades, armonización de políticas macroeconómicas, políticas comunes en materia de inversiones, entre otras, son ilusiones cada vez más lejanas. La letra de los Tratados va en una dirección y los dirigentes en otra. Hoy nos conformamos con una zona de libre comercio sin mayores pretensiones, un Tribunal Andino dedicado a emitir sentencias de interpretación prejudicial, y una Secretaría que trata de impulsar la integración, resistiendo los embates de los distintos países.

Reconozco que siempre he sido un fiel partidario de la integración andina, desde el Gobierno y como funcionario de la CAN. Pero hoy debo admitir que dicho acuerdo se encuentra al borde del abismo. Mientras que en Europa los países hacen cola para entrar a la UE, acá se buscan fórmulas para que la CAN no se desintegre del todo, en especial luego de la salida de Venezuela.

Afortunadamente la semana pasada se logró que Bolivia no impusiera su ritmo y, gracias a Ecuador, la CAN recibió un segundo aire al aceptar las reformas en materia de propiedad intelectual. Pero una pregunta cada vez gana más fuerza: ¿debe Colombia continuar impulsando un esquema de integración con países como Bolivia, que lo que hacen es exigir sin dar nada a cambio y que pretenden imponer una visión de desarrollo que claramente va en contravía de los intereses de nuestro país?

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