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El epicentro de las negociaciones sobre el tema agrario colombiano ya no es La Habana, sino Tunja, donde tendrán que darse soluciones estructurales. Por eso deben publicarse los detalles de los acuerdos agrarios con las Farc.
La mesa de negociaciones más importante del país se trasladó esta semana de La Habana a Tunja. Desde hace décadas los voceros del campesinado dejaron de ser las guerrillas, que han pretendido hablar por quienes padecen los problemas estructurales del agro y adoptan sus reclamos para legitimar sus ejércitos. Pero aunque no son los representantes legítimos de los campesinos, durante casi un año las Farc han estado asumiendo ese papel en la mesa de negociaciones de La Habana. En buena hora se abre la puerta para una auténtica negociación sobre el futuro del agro con quienes deberían ser la contraparte del gobierno en este tema: las organizaciones campesinas de base.
Esto, no obstante, supone ahora dos frentes de negociación paralelos para diseñar soluciones al problema agrario, pero estos no tienen vasos comunicantes. Uno en La Habana, donde un grupo ilegal, desprestigiado y sin credibilidad política pretende solucionar los retos de un infierno agrario de cuya conflagración ellos mismos fueron cómplices; otra en Tunja, donde organizaciones campesinas inician una mesa de negociaciones en medio de una batalla campal con el ESMAD por cierres de carreteras que, vistos desde la perspectiva de los campesinos, es la estrategia más efectiva para presionar al gobierno y movilizar a la opinión pública.
El dilema es: ¿son compatibles ambos escenarios? Una respuesta inmediata es: no lo sabemos, porque las conversaciones de La Habana son secretas y las de Tunja no han iniciado.
A pesar de la incertidumbre insalvable en torno a este tema, el ejercicio de analizar lo poco que podemos saber sobre ambos escenarios esclarece lo complejo que resulta para el país tener mesas paralelas. La conclusión es que el gobierno y las Farc se pueden ver obligados a publicar qué negociaron en torno al tema agrario antes de que terminen las negociaciones.
El domingo 26 de mayo el gobierno y las Farc anunciaron que habían llegado a un acuerdo sobre el tema agrario. Según Rodrigo Granda, negociador de las Farc, fueron acuerdos “demasiado importantes” (suponemos que con ello no sugería que los acuerdos tuvieran un exceso malsano de importancia). Sin embargo, de los detalles no sabemos nada.
Habrá redistribución de la tierra mediante un ordenamiento de terrenos baldíos, que era un programa que ya estaba en marcha, así que no es nuevo (y por lo tanto no es “demasiado importante” porque ya existía).
Habrá inversión en infraestructura y adecuación de vías, que suena más a promesa de campaña que a una estrategia definida.
Habrá “desarrollo social”, que es inversión en salud, educación y vivienda (más promesas de campaña).
Habrá políticas alimentarias y nutricionales, que no queda claro si es un programa de salud pública o de seguridad alimentaria.
Y por último, el punto sobre el que probablemente gire el meollo de la novedad y quizás el exceso de importancia: los estímulos a la producción agrícola.
¿Cuáles son estos estímulos? No sabemos. Sin embargo, si le creemos a las Farc y al gobierno, convertirán al desangrado campo colombiano en una suerte de Arcadia pastoril. Pero ni las Farc ni el gobierno generan confianza. Ambos son proclives a las promesas vacías y a los engaños para proteger sus intereses. Lo más probable es que en La Habana el agro colombiano no sea el punto que más inquieta a ninguna de las dos partes, y por eso pudieron cerrar ese capítulo con relativa facilidad.
Ahora el gobierno debió abrir una nueva mesa de negociación sobre el agro, pero con los campesinos de verdad y no con sus impostores. ¿Sin conocer qué se negoció en La Habana cómo pretenden los campesinos saber si hay soluciones reales? El gobierno y las Farc deben hacer públicos estos acuerdos, pues la urgencia nacional del paro campesino obliga a flexibilizar el secreto que rodea a la mesa de negociaciones de La Habana. Si hay un acuerdo integral sobre el campo con las Farc, es apenas justo que los campesinos conozcan sus detalles lo antes posible. Quizás esto facilite el diálogo de Tunja. Al menos le daría una importancia semejante al diálogo de La Habana, y lo merece.
Twitter: @santiagovillach