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El imperio de las armas

Santiago Villa
06 de octubre de 2015 – 06:51 a. m.

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El conflicto en Siria ha alimentado un próspero negocio de armamento, que a su vez fomenta la inestabilidad de la región.

Las bombas de Rusia no lograrán lo que no pudieron hacer las bombas de Estados Unidos. El Estado Islámico (EI) no saldrá de Siria con ataques aéreos y nada menos que una intervención militar profunda, una opción que todas las potencias descartan, podría llegar a imponer en todo el territorio sirio la autoridad de un estado central.

Pero aún si un ejército extranjero, o una coalición, quisiera echarse a cuestas la responsabilidad de estabilizar a un país que está tan desintegrado como su vecino, Irak, nada garantiza que el resultado no será el mismo que el de la guerra iniciada allí en el 2003: 10 años de conflicto sin solución.

En especial porque el EI es una consecuencia de la guerra de Irak del 2003, que por demás no se detiene. Los ejércitos del EI son el resultado de doce años de violencia y huérfanos en Irak, de un resentimiento hacia lo extranjero, de una búsqueda por la identidad y orgullo colectivos en la guerra perpetua, y un componente que jamás hay que olvidar: una ingente cantidad de armamento que ha entrado a la región desde que comenzó la guerra de George W. Bush contra Saddam Hussein. La guerra sólo es perpetua si también lo es la provisión de armas y municiones.

Una cifra de hace una década explica, quizás indirectamente, porqué la situación imparable de guerra en países como Irak y Siria es consecuencia directa del poco regulado negocio de las armas.

En el 2005, cuando Estados Unidos comenzó a dotar de equipos y armamento a las nuevas fuerzas armadas de Irak, luego de la derrota del régimen de Hussein, se comenzaron a presentar problemas en los inventarios. El Comando Multinacional de Seguridad para la Transición de Irak, encargado de supervisar el proceso de equipamiento de las nuevas fuerzas armadas, no pudo dar cuenta de buena parte del armamento que supuestamente había enviado como dotación. La Oficina Gubernamental de Cuentas de Estados Unidos publicó un duro informe en el año 2007, en el que afirmaba que para septiembre de 2005, de los 185.000 rifles AK-47, 170.000 pistolas, 215.000 armaduras corporales y 140.000 cascos, sólo había 110.000 rifles, 80.000 pistolas, 135.000 armaduras corporales y 115.000 cascos. El resto había desaparecido.

Esto es sólo un ejemplo de cómo la mezcla de irresponsabilidad administrativa y moral en Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados, junto con la enorme cantidad de armamento que entraba a la región, hicieron posible este polvorín imparable. La cantidad de armas, además, está en aumento.

Por parte de Estados Unidos, buena parte de la logística y de las operaciones de guerra no las realiza directamente el gobierno, sino empresas de contratistas, que por reducir costos y sacar más dividendos de sus operaciones a menudo utiliza atajos o métodos cuestionables para cumplir con sus responsabilidades. Finalmente, su objetivo es el lucro.

Uno de los ejemplos más recientes, hablando ya del caso específicamente sirio, es el de Purple Shovel LLC, una pequeña empresa que fue contratada por el gobierno de los Estados Unidos para equipar a los rebeldes sirios con misiles antitanque, y que se ha beneficiado del paquete de 500 millones de dólares que Barack Obama presentó al Congreso para apoyar a los grupos anti- Bashar al-Assad.

La empresa ganó contratos por 50 millones de dólares y para maximizar sus ganancias obtuvo armamento a bajo costo, y de baja calidad, de Bielorrusia y Bulgaria, tarea que por demás no fue fácil, pues la guerra de Ucrania también tiene a tope los pedidos de armas en Europa oriental. Es un fantástico negocio. Irónicamente, las armas con las que Estados Unidos dotó a los rebeldes son de fabricación rusa.

Tras cada anuncio de apoyo a uno u otro bando hay enormes cargamentos de armas que entran a una explosiva región, y que no desaparecen cuando se acaba un conflicto, sino que cambian de manos a medida que mutan y se multiplican los conflictos. Hay que preguntarse qué tan intensas serían estas guerras si el tráfico internacional de armas y su circulación estuvieran estrictamente controlados.

Twitter: @santiagovillach

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