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La poética de Sánchez Baute

Santiago Villa
01 de febrero de 2016 – 07:31 p. m.

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Este escritor de la oscuridad sigue explorando los rincones que Colombia prefiere dejar ocultos.

Es valiente. Asumió el desafío de retratar, con la voz de un transexual costeño arribista, la rumba gay en Bogotá cuando estaba en sus inicios. Cuando Theatrón no era un símbolo ni una institución, sino una discoteca underground, el éxtasis estaba en su primer auge y aún no existía la Ley Zanahoria. Al diablo la maldita primavera la leo como una novela picaresca que le hace honor al Lazarillo y el Buscón, y en la que su carismático, dicharachero, despreocupado y desdichado protagonista, Edwin Buelvas, busca el reconocimiento, el placer y el amor, mientras escapa de sus demonios: el ennui, la soledad y, ante todo, sus acreedores. La valentía fue correr riesgos y enfrentarse a rótulos públicos, como sensacionalista, efectista y por supuesto —y a mucho honor— inmoral.

La moral, o mejor dicho, la ética, fue precisamente el tema de su segunda novela: la monumental Líbranos del bien. ¿Por qué, y cómo, ciudadanos que sacrificaron tanto por lanzarse a una cruzada, supuestamente por el bien, hicieron el peor mal? Esta biografía doble de Ricardo Palmera y Rodrigo Tovar Pupo, mejor conocidos como Simón Trinidad y Jorge Cuarenta, le valió no sólo amenazas directas, sino dos retos nada despreciables para un escritor. El primero, hacer el viaje a las raíces, al pueblo pequeño-infierno grande de Valledupar, para removerlas y sacarlas al sol. Y como las plantas finalmente están abonadas es con mierda, un ejercicio de este tipo implica sacar la suya y la de los demás, ponerla en hojas de papel, imprimirla y publicarla para su distribución en las librerías. El segundo desafío fue el de abordar un tema tan lleno de prejuicios, vicios intelectuales, resentimientos y conclusiones superficiales como lo es la violencia en Colombia. Sánchez Baute logra hacerlo con la sabiduría que otorga la sinceridad.

Esta última, la sinceridad, es una de las grandes virtudes de su último libro, ¿De dónde flores si no hay jardín?, en el que cuatro personajes se enfrentan, cada cual a su manera, a los abismos emocionales de la soledad. Tres de ellos cuentan su historia y el cuarto, una figura que es una proyección ficticia del propio autor, los escucha.

Desde Al diablo la maldita primavera no había voces tan fuertes en su obra, y en estos tres relatos explota, con mejor técnica y personajes más difíciles, el recurso de una primera persona que agarra desde el principio y no da respiro, que obliga a escuchar confesiones despedazadas, cuyos hilos van y vienen y se confunden en el tiempo. Personajes difíciles, dije, y aquí estaría la principal muestra de valentía de Sánchez Baute en su último libro. El jíbaro, la puta y el drogadicto. ¿Cómo evitar el lugar común y otra vez la misma historia? La primera tiene un humor ácido sulfúrico; la tercera, un pasado de ciclista que le da un giro inesperado; la segunda, “Gema Almendrales: una autobiografía”, tiene una historia detrás. La cuento desde mi perspectiva.

Leí una versión temprana del cuento a principios de 2014, cuando circuló el primer borrador para críticas y el libro estaba en construcción. No me gustó. El personaje no cuadraba. Dijo que alguien le había dicho (asumo que fue Sarita Araújo, a quien dedica el cuento), que no sonaba como una mujer y tengo entendido que ella ayudó bastante a editar el relato. No es nada sencillo ponerse en la piel del sexo opuesto con un estilo tan íntimo como el que usa Alonso.

Trabajó varios meses en Gema y yo no volví a saber del cuento hasta que lo leí publicado hace una semana. Creo que es la voz mejor lograda de su carrera. La reescribió prácticamente toda, hasta sacar de una piedra, en efecto, la gema. Hubiera sido fácil para él cambiar de personaje y hacer algo más familiar y cercano. Por ese esfuerzo y trabajo constante desde su taller, un cuartico con vista a la Bogotá que adora y detesta con la intensidad que desata una madre, y desde cuya ventana a cada rato dice que se va a lanzar al vacío (aunque a esos dos pisos de altura difícilmente se rompería una pierna), Alonso Sánchez Baute es valiente.

Twitter: @santiagovillach

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