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Los motivos por los que no es posible renegociar los actuales acuerdos con las Farc.
Nunca dudé que esta negociación de paz sería exitosa. El largo proceso de guerra y acercamientos que desembocó en los anuncios de octubre de 2012, cuando se estableció la mesa de diálogo, ha tenido tal continuidad en los actores y en las dinámicas, que resulta sólido y consecuente. No quiere decir que hubiera sido fácil, ni que nunca se hubiera presentado la posibilidad de que se rompieran; quiero decir que estos diálogos, a diferencia, por ejemplo, de los que se dieron con Andrés Pastrana, se integran a un proceso histórico y político más amplio, tanto a nivel de instituciones como de negociadores.
Quienes defienden votar por el NO en el plebiscito por la paz tienen la idea equivocada de que es posible renegociar los acuerdos. Consideran que un proceso de paz es como negociar un contrato o una compraventa. Que si no es este gobierno fácilmente puede ser el siguiente. Lo que no tienen en cuenta, o no quieren ver, es que las negociaciones de La Habana y sus actores llevan un camino más amplio. La historia que ha llevado hasta este punto es fundamental para que los diálogos hayan sido exitosos.
No es gratuito que Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa que lideró los principales golpes contra el secretariado de las Farc, haya sido el presidente que logró cerrar un proceso de paz exitoso. Un motivo para ello es que ha sido percibido como un enemigo por parte de las Farc. Es importante para un proceso de este tipo que las contrapartes estén en extremos opuestos. Que se perciban como enemigos.
Esta afirmación exige una aclaración. La contraparte debe ser un moderado, o tener cierta flexibilidad, dentro del lado opuesto. F.W. de Klerk, el presidente de Sudáfrica que inició las conversaciones con Nelson Mandela, por ejemplo, era un político que defendía la filosofía tras el apartheid en Sudáfrica. Él mismo en su autobiografía sostiene que el principio de separación geográfica de etnias era razonable, pero que fue mal implementado. No es una postura liberal. Sin embargo, dentro de un partido de extrema derecha, su posición es más moderada.
Santos, a pesar de lo que diga la ultraderecha colombiana, no es un gobernante de izquierda. Su filosofía es de derecha. Sin embargo, es un gobernante de derecha moderado. Un proceso de paz tiene mayor legitimidad ideológica si el choque de ideas y conciliación de posiciones se produce entre posiciones distantes. Por eso un partido de izquierda no habría despertado la misma legitimidad que Santos, y no habría reunido tanto apoyo, si hubiera sido abanderado de un proceso de paz.
Los negociadores, los actores directos, que han debido llevar el complejo día a día, también tienen antecedentes decisivos para el éxito o el fracaso de unas negociaciones. No es probable que un futuro gobierno pueda reunir negociadores tan capaces y adecuados para este momento histórico. Sergio Jaramillo, de quien he ya dicho que es el que más confianza me inspira, viene de crear con Santos la política de seguridad democrática en el Ministerio de Defensa.
No he sido amigo de que los acuerdos de paz se hubieran presentado a una refrendación por plebiscito. Sin embargo, entiendo el argumento de que esto le daría mayor legitimidad a un proceso que, entendiblemente, ha sido difícil de vender a los sectores más radicales de Colombia.
A menos de una semana de las votaciones, no puedo sino dedicar este espacio a reiterar que votar por el NO es quedarse pequeño ante lo que pide este momento de la historia. La confianza en una entelequia, como lo es la renegociación de los acuerdos, puede traer otra década de guerra inútil.
Twitter: @santiagovillach