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Una nueva vieja Colombia

Santiago Villa
28 de septiembre de 2015 – 09:40 p. m.

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Comienza el pre-post conflicto y es posible prever cómo será la nueva etapa.

El anuncio que en marzo de 2016 se llegará a un acuerdo final entre el gobierno colombiano y las Farc es una muy buena noticia, y de hecho se da mucho antes de lo que esperaba, que era aproximadamente octubre del próximo año. Como ya lo han dicho otros, el país pasa una página con el fin de las Farc como movimiento guerrillero. Es cuestión de tiempo (aunque también de muchos esfuerzos en la mesa de negociaciones) antes que el Eln le siga. Se ha transitado el camino más difícil para llegar al comienzo del fin de las guerrillas comunistas y socialistas en Colombia.

El gobierno de Juan Manuel Santos anota un logro histórico, y los negociadores Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle son sin duda los funcionarios estrella de sus dos periodos presidenciales. Tienen el mérito adicional de que probablemente no convertirán en capital político su éxito como negociadores. No veo a ninguno lanzándose a una contienda electoral. Ya hicieron su contribución a la historia, que es mucho mayor de lo que muchos políticos tradicionales, incluso presidentes, han logrado en toda una vida. El país fue muy afortunado por tenerlos liderando el proceso. Sería importante que si no son negociadores con el E, al menos realicen una profunda labor de asesoría y acompañamiento. Su experiencia acumulada es invaluable.

Pero como también se ha dicho, viene una etapa difícil. Habrá sangre. Las estructuras del sicariato diseñadas por los carteles del narcotráfico, el paramilitarismo y las bandas criminales siguen operando con gran efectividad. Quizás hoy sea más difícil cometer un magnicidio que hace 10 años, en especial gracias a que se desmanteló el DAS, una de las oficinas de asesinos más peligrosas en la historia de Colombia; no obstante, la muerte a encargo está aún a la orden del día. La semana pasada fue asesinada la periodista Flor Alba Núñez en Huila, y durante los últimos años se han cometido también los asesinatos de Yandra Britto y Jorge Daza, por los que se investiga y enjuicia al ex gobernador de la Guajira, Juan Francisco Gómez, alias “Kiko”; y el atentado contra Ricardo Calderón, periodista de la Revista Semana, mientras investigaba las prisiones cinco estrellas de los oficiales de las fuerzas armadas colombianas, en Tolemaida.

Así que hay motivos de sobra para pensar que esta máquina de la muerte se volcará sobre los cabecillas desmovilizados de las Farc. Serán tantos los esquemas de seguridad que deberán estar en pie para proteger a las víctimas que reclamen sus compensaciones y restituciones, a los líderes políticos de los nuevos partidos de izquierda, y a los miembros de la sociedad civil que sigan realizando su trabajo de observación, seguimiento y denuncia de estructuras criminales, desde periodistas a miembros de ONGs, que la labor del Estado se verá desbordada por la realidad. Además, los esquemas de seguridad y las instituciones encargadas de ellos son susceptibles a la corrupción, como sucedió con el DAS. En Colombia, como dice el adagio, entre más cambian las cosas más siguen igual.

Hay también un enorme reto y es la reinserción de los excombatientes. Muchos de ellos están en constante riesgo de entrar a estructuras criminales y cambiar el fusil en el monte por el revólver en la calle. En realidad éste es el reto más importante, pues tendrá un impacto directo sobre la seguridad en las ciudades y las regiones donde haya tránsito de narcóticos. Un país en desaceleración económica, aquejado por la caída en los precios de los commodities, una dramática devaluación de su moneda y quizás al borde de una recesión, no podrá darles oportunidades a tantos ex combatientes.

Muchos de ellos se integrarán a las estructuras que reemplacen a las Farc en las regiones donde se siembra coca, a las que procesan en laboratorios, etcétera. Habrá, además, nuevas bandas criminales que utilicen la experiencia acumulada de las Farc para la extorsión y el secuestro. La paz no está a la vuelta de la esquina y el proyecto político de la ultraderecha no morirá el 23 de marzo de 2016. Por eso no se suman al proceso. Para ellos es políticamente más costoso, a la larga, estar montados en el acuerdo que seguir oponiéndose a él.

Twitter: @santiagovillach

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