Detrás del tropiezo de Trump con Obamacare

Saúl Franco
11 de abril de 2017 – 09:00 p. m.

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La salud no es un campo de beneficencia o de convergencia de buenas voluntades. Es un campo complejo en el que se enfrentan visiones e intereses muy fuertes y diferentes en la sociedad. La prueba más reciente de esta verdad histórica acaba de producirse en los Estados Unidos (EE. UU.). Se trata de la derrota del presidente Trump en su intento por echar atrás la reforma al sistema de salud hecha por el expresidente Obama, conocida como Obamacare.

Detrás del pulso Trump-Obamacare no está sólo la rivalidad entre los distintos matices de los republicanos o entre republicanos y demócratas en EE. UU. En el fondo lo que está en juego allí, como en todo el mundo, es la triple tensión: público/privado, Estado/mercado, derechos/privilegios en el campo de la salud.

Y no es que la Ley del Cuidado en Salud a Bajo Precio —Obamacare— fuera el imperio del Estado sobre el mercado, de lo público sobre lo privado o de la salud como derecho humano fundamental y no como mercancía. No lo era en absoluto. Pero sí había sido el mayor avance logrado en los EE. UU., desde el establecimiento de los programas públicos federales Medicaid y Medicare en 1965, para facilitar el acceso de las personas más pobres a planes de beneficios, poner algunos controles al mercado, y hacer sentir la presencia del Estado a favor del bienestar de la gente.

En concreto, Obamacare permitió que en seis años 23 millones de personas en los EE. UU. pudieran tener un seguro de salud de bajo costo y que el plan de subsidio a los más pobres —Medicaid— llegara a diez millones de personas. Obligó a las grandes empresas a asegurar a sus trabajadores y creó estímulos para que las pequeñas aseguraran a los suyos. Permitió que los hijos pudieran estar cubiertos por el seguro de sus padres hasta los 26 años. E hizo que las aseguradoras tuvieran que eliminar tanto las preexistencias o los cobros excesivos por ellas, como los límites en los años de vida asegurados y en el monto de la cobertura anual en dólares.  

Tales condiciones, sus costos en términos de aumento de impuestos para algunos sectores, en especial los más ricos, de regulación del mercado, y de inversión e intervención estatales en salud, fueron consideradas por muchos republicanos y algunos demócratas como incompatibles con su visión de la sociedad estadounidense. La polémica ha polarizado al país en los siete años de vigencia de Obamacare. De hecho, se convirtió en el centro del debate en salud durante la pasada campaña presidencial. H. Clinton se comprometió a mejorarlo y D. Trump a desmontarlo tan pronto llegaran a la Casa Blanca. Ya él lo intentó. Pero no lo logró.

La derrota del presidente y de los republicanos el pasado 24 de marzo no se debió a las bondades de Obamacare, ni a la oposición de los demócratas. Se debió a las inconsistencias de la propuesta alternativa, a la radicalidad de la extrema derecha republicana, y al intento de los moderados del mismo partido de hacer algunas concesiones, que no satisfacían a nadie. No es entonces un triunfo progresista. Es más bien un autogol de los republicanos radicales que prefirieron soportar (por ahora) la reforma de Obama a ceder un milímetro en sus postulados individualistas y mercantiles y en sus intereses económico-políticos.

El futuro para la salud en EE. UU. es ahora más incierto que antes. Ninguno de los sectores políticos tiene una propuesta consistente y con suficiente respaldo para resolver el impase. Y da la impresión que la sociedad ha dejado el problema en manos de los políticos y los empresarios, no dispone de una alternativa o no encuentra los canales para hacerla viable. 

No existe un modelo ideal de salud.  Pero lo que en el fondo se discute con la reforma de la salud en EE. UU. es lo mismo que, con algunas diferencias, debatimos y enfrentamos en otras regiones. Y cada vez es más urgente, en todas partes, intentar desmercantilizar la salud y lograr que los Estados cumplan una de sus funciones prioritarias: garantizar a todos el derecho a ella.

* Médico social.

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