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Si la muerte no se hubiera anticipado, Carlos Gaviria hubiera cumplido el viernes pasado 78 años y el país lo seguiría teniendo activo como uno de los más autorizados referentes académicos, éticos y políticos.
No alcanzó a cumplirlos, pero ya el mensaje de su sabiduría, coherencia y honestidad comienza a expandirse exponencialmente.
La universalidad es una de las características de los hombres sabios. Y el doctor Gaviria lo fue. Cada tema que trataba – fuera el arte, el derecho, la poesía, la política, la filosofía, la amistad o la ética – lo hacía con gran precisión conceptual, erudición y conexión con el acontecer diario. Hoy quiero traer sólo como ejemplo el tema de la salud, que si bien no fue el eje de sus reflexiones, ilustra muy bien la agudeza de su conocimiento y la pertinencia de sus propuestas.
Las raíces de su concepto de salud las sembró en las Sentencias de la Corte Constitucional, en especial aquellas en las cuales actuó como magistrado ponente, entre 1993 y 2001. Ya son clásicas las relacionadas con el derecho a la muerte digna, con el consumo personal de droga, con la igualdad de derechos de las mujeres y con la autonomía y pluriculturalidad con respecto a las poblaciones indígenas. En ellas trata magistralmente: la igualdad como base de la justicia; los derechos, en especial los de los excluidos; la autonomía personal ante la vida y la muerte, y la diversidad étnica y cultural, entre otros postulados fundamentales.
Pero el desarrollo más profundo sobre el tema de la salud tuve la oportunidad de escuchárselo en un panel sobre el derecho a la salud en la constitución del 91 y en la jurisprudencia posterior, al que lo invité en la Universidad Nacional el 16 de marzo del 2002, poco antes de ser elegido senador. Es un ejemplo de lo que se conoce como la mayéutica socrática. Nos fue llevando, de pregunta en pregunta, del Estado de Derecho al Estado Social de Derecho. Del derecho a la libertad-seguridad, a los derechos sociales y económicos, entre los que destacó la salud, que es bienestar. Bienestar que es deber insustituible del estado. Y se preguntó: ¿un estado comprometido con el bienestar de quién? “Pues de las personas que nunca han tenido bienestar”. Y terminó su diálogo con la reafirmación de la unidad inseparable salud-vida. Dijo, textualmente: “Porque es difícil pensar, separadas, la salud y la vida”.
Con esa fundamentación pudo incidir directamente en los contenidos y propuestas de salud tanto del partido que ayudó a crear y engrandecer: el Polo Democrático Alternativo, PDA, como en su propia plataforma como candidato presidencial en 2006. En el ideario de unidad del PDA se lee: “Entendemos la salud como un derecho fundamental y no una mercancía. Por ende, derogaremos la ley 100 de 1993 y haremos una profunda reforma al sistema de salud pública sobre la base de garantizar la cobertura total a la población”. Y en su programa de gobierno planteó: “Se tramitará un Acto Legislativo para darle constitucionalmente a la salud el carácter de derecho fundamental. Presentaremos un proyecto de ley con un nuevo sistema de salud que acabe con la diferencia de una atención para ricos y otra para pobres…”.
Carlos Gaviria, el Maestro, defendió entonces, sin ambigüedades, una salud anclada en la dignidad humana, como derecho fundamental, convertido en deber del Estado Social de Derecho, expresada en el bienestar de todos – en especial de los excluidos – e inseparable de la vida. Una salud en la que creyó, por la que luchó y nos invitó a luchar. Y por la que, también en su memoria, seguimos trabajando sin descanso.
Saúl Franco,
Médico Social,
Bogotá, 12 de mayo de 2015.