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ALO, ¿señor alcalde?

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Tengo la convicción de que quienes apuestan por el fracaso del alcalde Petro no sólo incurren en un acto de mezquindad, sino que además optan por una temeraria invocación al suicidio colectivo.

Por eso prefiero leer en los debates en que nos ha introducido el mandatario capitalino durante su primer mes de gobierno, un interés sano por hacer pedagogía de su modelo de ciudad para traducirlo muy pronto en decisiones estratégicas y prioritarias. Si ésta es su intención, está en todo su derecho después de cuatro años de incertidumbre y desgobierno. Creo también que al alcalde le asiste la razón en algunos de sus juicios sobre hechos creados en el pasado. Es un buen momento para precisar el alcance del tipo de transporte liviano que debe trazarse por la carrera Séptima y su posible extensión hacia la Sabana. También lo es para saldar cuentas con la administración anterior con el fin de dimensionar la magnitud del tiempo a recuperar en las obras de la calle 26. No obstante, ninguna de las decisiones que se están redefiniendo o redimensionando pueden ser pretexto para la parálisis. Estoy seguro de que la inteligencia política de Petro ya le ha permitido anticipar este riesgo.

De hecho, he celebrado que el alcalde haya puesto en debate la concepción de la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO), que bajo su mandato el exalcalde Peñalosa no supo o no pudo construir y que ahora urge con la nostalgia de su cuarto de hora desperdiciado en esta materia. Y lo he celebrado porque confío en que finalmente ésta sea la oportunidad para acometer la obra, no para dilatarla nuevamente.

Hoy pocos discuten que sea una intervención prioritaria para la movilidad y la competitividad de la ciudad. Se trata de una vía planeada desde hace cincuenta años, que complementa las vías periféricas que se han desarrollado en Bogotá, como en su momento lo hicieron la carrera 30, la avenida 68 y, más recientemente, la avenida Ciudad de Cali. Es una obra prioritaria porque, además, fortalece la red vial urbana y evita el impacto de la carga pesada sobre el centro extendido de la ciudad. Es una obra que por su trazado permitiría integrar también un tranvía regional. Una nueva concepción de la ALO hace posible pensar en alternativas que garanticen su óptima ejecución, pero de ninguna manera derivar en pretextos que, una vez más, conduzcan a la inacción.

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