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Este lunes entró en vigencia el TLC entre Colombia y Canadá. Se trata del segundo país desarrollado —después de Suiza— con el cual el país logró ratificar un acuerdo.
Este hecho representa la oportunidad de diversificar las exportaciones colombianas hacia un país en el que productos tradicionales como el carbón, el café y el petróleo —que ya ingresaban con arancel cero— explican el 83% de nuestras ventas. Eso significa que productos no tradicionales de nuestra oferta exportadora, que ya tienen un desempeño en Canadá, tales como las flores, la caña de azúcar y el cacao, además de nuevos productos con valor agregado, puedan profundizar su presencia en ese mercado. Al mismo tiempo, otros bienes, en los que el país no tiene “ventaja comparativa revelada”, como es el caso del trigo y el maíz, podrán ingresar a precios competitivos en relación con otros proveedores. Para eso es un TLC.
Pero hay algo que con frecuencia se omite en los registros de prensa. Y es que generalmente las aproximaciones comerciales tienen detrás intencionalidades de política exterior, que brindan un mayor alcance y perspectiva a los acuerdos económicos.
En el caso de Canadá resulta cada vez más visible que, en medio de su especial vinculación con los Estados Unidos, quiere sacar provecho del debilitamiento de las relaciones de este país con América Latina. Por otro lado, su mejor desempeño económico y mayor margen fiscal le permitirán fortalecer su incidencia en el G-8. Entre tanto, su participación en el Ártico, que comparte con Dinamarca, Estados Unidos, Noruega y Rusia, entre otros, y que la hacen corresponsable de un tercio de las reservas de gas y petróleo, además de una inmensa riqueza marina, pesquera y minera, la confirmarán como un actor influyente en los temas del desarrollo sostenible.
Colombia, por su parte, dará continuidad con este TLC a una agenda de diversificación de las relaciones internacionales, que adquirió prioridad en el presente gobierno. De esta manera se abre el camino para fortalecer los nexos de comercio e inversión, al tiempo que se renueva la voluntad de construir con Canadá posiciones comunes en temas estratégicos de la política exterior del país: la revalorización del multilateralismo político, la defensa de la biodiversidad y una concepción más amplia de la seguridad en las Américas. Y eso es mucho más que firmar un TLC.
*Director Cepec Universidad del Rosario.