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Las exportaciones petroleras colombianas representaron el año pasado un 50% de las exportaciones totales. A esta tendencia hay que agregar el anuncio de que en las próximas semanas el país arribaría a una producción diaria de un millón de barriles de petróleo.
Se trata de dos hechos que se suman a las buenas noticias sobre el buen estado de salud de la economía colombiana. Pero estas cifras no dejan ver la real salud de las regiones petroleras. En Meta, Casanare y Arauca, departamentos en los cuales la explotación de crudo representa más del 50% de la actividad productiva, los indicadores resultan desconcertantes. De acuerdo con el último Índice disponible de Pobreza Multidimensional calculado por el DNP -en el cual se consideran las condiciones educativas, de niñez, juventud, trabajo, salud y servicios públicos-, los porcentajes de pobreza en estas regiones alcanzaron el 54%, 57% y 61% de la población, respectivamente. Así mismo, la distribución del ingreso en estos departamentos llama a la reflexión. Por ejemplo, resulta contradictorio que en Meta, ahora primer productor de petróleo y cuyo PIB per-cápita es el segundo más alto en el país, presente un índice GINI del 0.50.
En la configuración de estas cifras ha contribuido sin duda el alto grado de corrupción de los agentes políticos y económicos locales, que ha dado argumentos suficientes para justificar la vigente repartición de las regalías a lo largo y ancho de la geografía nacional. Pero en mi recorrido por las regiones productoras de petróleo, he registrado el desaliento de respetables líderes e instituciones por el compromiso a todas luces insuficiente de la industria petrolera con el fortalecimiento del tejido productivo de estos territorios. Resulta visible la debilidad de sus encadenamientos con las actividades productivas regionales, al tiempo que subsisten programas de bajo impacto para impulsar iniciativas económicas que florezcan cuando desciendan las exploraciones.
Considero muy oportuna la convocatoria que ha hecho el ministro de Minas y Energía, para que los máximos representantes de la industria petrolera en nuestro país, incluida nuestra empresa líder, realicen un pacto de acciones de mayor alcance en estos territorios, a propósito del arribo a la producción promedio de un millón de barriles diarios. Pero se necesitará mucho más que una firma protocolaria para que las petroleras se unan más activamente a una política pública que estimule el desarrollo económico diversificado de los departamentos y municipios productores.
Director CEPEC Universidad del Rosario