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Fútbol y geopolítica

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En medio de la incertidumbre de la economía mundial por estos días, hago parte del grupo de quienes se refugiaron en el Mundial de Fútbol Sub-20 como una tabla de salvación.

No obstante, como ocurre con frecuencia en las apuestas de la geopolítica global, no tuve el tino para predecir una final de habla portuguesa. Por eso debo contentarme con hacer evaluaciones al término de los acontecimientos, que suele ser el oficio de analistas deportivos y economistas.

África, que en la década de los años 90 era considerado como el “continente de la esperanza”, replica hoy en el balompié la realidad de sus países. Su condición actual de “continente de la emigración” —frente a la magnitud de la crisis humanitaria— es también un gran obstáculo para fortalecer desde la base su propósito de un mayor protagonismo en el fútbol mundial. Debo reconocer que me sorprendió Egipto, pero la única opción africana para llegar a la final parecía Nigeria. Sin embargo, como le ocurre a su país de 155,2 millones de habitantes y grandes yacimientos de petróleo, sus jugadores sucumbieron en medio de la abundancia de recursos.

Queda el consuelo de que las segundas generaciones de migrantes africanos son las que hoy refuerzan selecciones europeas que dependen en su brillo de jugadores como Sunu o Fofana en el caso de Francia, o como Berahino en el equipo inglés. Dos selecciones que ya no sobresalen, igual que ocurre con la influencia de sus países en el escenario internacional. Paradójicamente, fueron dos equipos provenientes de países llenos de incertidumbres los que sacaron la cara por el viejo continente. España al ataque, para ofrecernos una final adelantada, y Portugal a la defensiva, en una estrategia que le resultó exitosa para disputar el campeonato, pero no para coronarse.

Asia Pacífico, la región del presente, envió un aguerrido Corea del Sur, pero sus demás equipos pasaron desapercibidos. Estados Unidos, Alemania y Japón no clasificaron al Mundial Sub-20, como tampoco clasifican hoy para liderar la estrategia de recuperación de la economía mundial. ¿Y América Latina —esa abstracción que se inventaron los franceses a mediados del siglo pasado—? Bien, gracias. México y Colombia resultaron promisorios, mientras que Brasil no necesitó evocar su nuevo protagonismo en la economía global. Sólo le bastó combinar el fútbol moderno con la samba y la capoeira.

* Director Cepec Universidad del Rosario.
 

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