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Una apuesta por la esperanza

Saúl Pineda Hoyos
27 de diciembre de 2011 – 04:37 p. m.

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Leo con desazón la tragedia de muchos colombianos, que tienen nombre y apellido, y que se han visto afectados a lo largo de la geografía nacional por una nueva ola invernal que ni siquiera al final parece darnos una tregua.

Veo en los noticieros y en las carátulas de las revistas la forma como entre los personajes del año se disputan protagonismo compatriotas que han hecho la tarea de sembrar mañana y aquellos que intentan destruir el surco con el rastrillo de la corrupción. Trato de interpretar, entre indignado y perplejo, sucesos de la violencia cotidiana que nos conectan más con la barbarie que con la modernidad. Me lleno por momentos de impaciencia frente a un país en el que los líderes del presente y del pasado se trenzan en rencillas menores, mientras Colombia pierde terreno en las metas que debieron haberse culminado en el siglo XX. Y entonces me asalta temporalmente la incertidumbre en torno al futuro que estamos ofreciendo a nuestros hijos.

Pero casi inmediatamente recuerdo la frase que Jorge Luis Borges, en un momento de lucidez infinita, puso en boca de un inmigrante colombiano en París, esa tarde de sombras. “Ser colombiano es una acto de fe”, me repito, y emprendo el camino de la esperanza, a pesar de las múltiples razones para la desesperanza.

Leo con interés el aporte que hacen muchos colombianos, que también tienen nombre y apellido, a la ciencia, a las artes, al deporte, y que se proyectan con desempeño notable en el panorama internacional, con un sello que hoy, por fortuna, es diferente al del pasado. Veo en los noticieros y en las carátulas de revistas, imágenes e intenciones de compatriotas que intentan ofrecer un mejor futuro a nuestras regiones con un ejercicio nuevo de la política local y que llaman la atención de aquellos que quieren reemprender la “cultura del atajo”. Me lleno de expectativas frente a un nuevo año en el que, después de un merecido descanso en familia, muchos compatriotas seguiremos en el empeño de construir mejores políticas públicas, mejores instituciones, mejores ciudadanos, aun en medio de los desfallecimientos y los errores propios de los colectivos sociales. Y entonces recupero la certeza en el mañana que mi amigo, con aires de padre novato pero comprometido, quiere ofrecerle a su hijo. La misma certeza que quiero ofrecerles a mis hijos, el año que viene y los siguientes.

Saúl Pineda Hoyos

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