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El palo sí está para cucharas

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ES POSIBLE DERROTAR EN LAS URnas al uribismo y a su profeta. Ya no hay duda: la seguridad democrática está haciendo agua por varios frentes.

Las ejecuciones extrajudiciales, que podrían llegar a 1.155 en varias zonas del país, según la Unidad de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario de la Fiscalía, es una enorme mancha de sangre que cubre a este gobierno. La debacle de las pirámides, pinta de cuerpo entero no sólo el modus operandi de un Estado ineficiente y venal, sino a una sociedad carcomida por la exclusión, que no deja espacios para que la creatividad se canalice en empresas constructivas, sino en aventuras criminales en las que terminan enredados políticos, empresarios, periodistas y un pueblo que se juega hasta la camisa con tal de sacar unos centavos en limpio, así sea en el azar de unas maromas financieras ilegales, financiadas con dineros del narcotráfico, al margen del sistema bancario tradicional y, por lo tanto, sin garantías de ninguna clase.

Para rematar, la reelección de Uribe. Ahora resulta que el proceso de financiación del referendo está generando toda clase de sospechas. No es transparente. Y ha quedado en suspenso la posibilidad de que el Presidente pueda presentarse en  2010 para que el pueblo, en las urnas, decida si quiere un tercer período del mesías. Sus aliados están profundamente divididos. No aguantan más caudillismo.

En el monte, los hechos son contundentes. Si lo militar genera hechos políticos, es claro que la guerrilla, al estar golpeada a fondo en su iniciativa armada, no tiene muchos espacios para volver a erigirse en punto determinante de una elección presidencial, como sucedió con Pastrana, en 1998, y con Uribe, en 2002. Las Farc aún persisten en el tema del intercambio humanitario, pero eso, en estos momentos, es pensar con el deseo. 

A pesar de los brotes de alabanza sin límites a la guerra, la paz ya no es una idea descabellada o impopular. La izquierda legal o democrática o como quiera llamarla, en alianza con otros sectores, tiene tela de donde cortar: negociar está a la orden del día, pero no bajo el paradigma uribista de tierra arrasada. Por otra parte, la debacle de las pirámides, deja sobre el tapete una inconformidad y desencanto más vivos que nunca. El que sepa canalizarlos triunfa en 2010.

Y para tener la película completa, agreguemos el ámbito internacional. El presidente electo, Barack Obama, busca restablecer la autoridad moral y política de Estados Unidos mediante el énfasis en la vía diplomática, el pragmatismo y el rechazo total a la ideología como guía de acción, es decir, la famosa doctrina de las guerras preventivas, bandera de los neoconservadores. Además, el imperio está en recesión severa.

En ese contexto, Colombia muestra resultados contradictorios: lucha exitosa contra las Farc, pero a un costo  muy alto en violación a los derechos humanos, deterioro del clima democrático y agudización de los conflictos sociales, entre ellos el desplazamiento; fracaso total en la guerra contra las drogas, y un proceso de paz con los paramilitares que deja muchas dudas, porque ya es claro que hay resurgimiento de escuadrones de la muerte, más ligados aun con el narcotráfico. El Plan Colombia será replanteado, y se ahondarán las presiones para que el Gobierno garantice, de manera clara, la vida de los líderes de oposición, entre ellos los sindicalistas. Esto, a larga, creará un nuevo clima político.

El palo, pues, sí está para cucharas: es posible construir una alternativa al extremismo que nos ha gobernado. No estamos condenados al proyecto uribista.

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