Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
UN PROTOCOLO PSIQUIÁTRICO PAra recibir secuestrados: otra gran idea de la seguridad democrática. Pobres: llegan ya no con el Síndrome de Estocolmo, o el síndrome de estrés postraumático, sino con una especie de locura (pasajera) de la selva.
Demencia verde, que los hace hablar más de la cuenta: que las Farc y Uribe se necesitan y retroalimentan en sus odios mutuos; que al inquilino del Palacio de Nariño le importó siempre un bledo el intercambio humanitario; que las huestes de Cano no están derrotadas. ¿Ha dicho alguna incoherencia Jara? ¿Algo que no sepamos, pero que en boca de un ex rehén de la guerrilla cobra gran simbolismo?
Claro que es impresionante, de todas maneras, ver cómo personas que han vivido sufrimientos sin cuento, angustias, depresiones, enfermedades y maltratos durante cinco o siete años, se bajan de un helicóptero o un avión y empiezan a dar declaraciones como si llegaran no de estar en cautiverio, sino de gira política por el país. Lucen, en la mayoría de los casos, saludables, caminan por sus propios medios, hablan con gran fluidez, sin incoherencias ni contradicciones.
Dicen que la procesión va por dentro, uno no sabe qué suceda ya en las cuatro paredes de la intimidad de cada una de las personas liberadas, pero en apariencia es como si después de la pesadilla, salieran fortalecidas en lo espiritual. Íngrid Betancourt y Luis Eladio Pérez son el paradigma: días enteros de entrevistas nacionales e internacionales, propuestas para la paz, viajes, diálogos políticos, opiniones sobre el Gobierno, sobre la lucha armada, sobre el presente y futuro de América Latina. Edición de libros, propuestas de guiones cinematográficos.
¿Por qué ahora al Gobierno le preocupa la salud mental de los secuestrados? ¿Estará preparando también un protocolo adicional para tratar el inmenso dolor de las familias destrozadas por la desaparición forzada de un ser querido?
A propósito: los desaparecidos son ciudadanos de tercera. De ellos no hay pruebas de supervivencia, ni programas de radio especiales al estilo de Las voces del secuestro. Tampoco merecen la atención debida por parte de la sociedad y de los medios. Mucho menos de las alturas del poder, donde califican de auxiliadores de los terroristas a quienes han denunciado este otro crimen de lesa humanidad y exigido castigo para sus ejecutores.
Con seguridad, más temprano que tarde la guerrilla tendrá que desterrar el secuestro como arma política. Pero si se trata de un paso para humanizar la guerra, quién se comprometerá a detener las desapariciones forzadas como herramienta de terror y escarmiento utilizada por agentes del Estado en connivencia con grupos ilegales de extrema derecha. ¿El Presidente de la República? ¿El Ministro de Defensa?
Pésima idea esa del protocolo psiquiátrico. Tiene una carga política evidente, porque es como si se buscara controlar, en un futuro, con la aparente neutralidad del discurso médico, cualquier posible “impertinencia” tanto de policías y soldados, como de los civiles que aún están en manos de los insurgentes.
Habló la parroquia
Triunfan y son aclamados en medio mundo. Son colombianos a fondo, orgullosos de sus raíces y, a su manera, aman lo suyo.
Pero el fanatismo uribista, que en esencia es maniqueo, ahora decidió meterse con Shakira, insultarla, menospreciarla, sólo con el fin de exaltar la figura de Juanes, el supuesto bueno de la película.
No puede haber una muestra de parroquialismo y mezquindad más rotunda que ésta, dada por la periodista María Isabel Rueda, en su afán de llevar la polarización política a semejante escenario.