Publicidad

Los escritores pervertidos

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Escritores o intelectuales pervertidos. Es decir, torcidos. Dañados. Enfermos. ¿Qué hacer con esta plaga? José Obdulio Gaviria tiene la respuesta: “Colombia debería dar el salto jurídico y perseguir, sin complejos, cualquier expresión ‘comprensiva’ con la guerrilla, y, ¿por qué no?, neutralizar esa campaña sistemática de desmoralización de la Fuerza Pública”.

Afirma Gaviria: “Detrás de los carniceros y cuchilleros van los amoladores. Plumas pervertidas, intentaron el imposible milagro de convertir la sangre en vino y cantaron loas a los decapitadores y torturadores.” Se refiere, por supuesto, a quienes “defienden” a las Farc.

El exconsejero pide castigo ejemplar, a manos de la justicia, para todos aquellos que, por ejemplo, se atrevan a decir que, en medio de su degradación moral y sus métodos sanguinarios, las Farc o el
ELN son organizaciones político militares, con una larga historia que no empezó en 2002, año en el que, según el exasesor presidencial, los colombianos vimos la luz. Según él, “Hasta el ascenso (sic) de Uribe, poco se cuestionaban los "motivos" de las Farc.(…) Por eso, (…) llegaron a tener una base de apoyo político que les permitió disfrutar por más de tres años del Caguán”.

Plinio Apuleyo Mendoza escribe cosas parecidas (con un estilo mucho más pulido, por supuesto) pero él es un escritor que hace uso de su derecho legítimo a opinar. Lo de José Obdulio Gaviria es distinto. Sus palabras no se las lleva el viento. Son parte esencial de un proyecto de poder, tienen un entronque directo con la Casa de Nariño. Por decirlo con el lenguaje de la era digital: están escritas en tiempo real. Con efectos prácticos. Políticos.

Y no se trata aquí de considerar que lo que afirma este ex consejero sea importante o vital. Es sólo que forma parte de la arquitectura ideológica del actual gobierno, son categorías que tienen consecuencias tácticas y estratégicas. Desde las chuzadas del DAS hasta la última pirueta paramilitar del presidente Uribe: convertir a los estudiantes (mediante “bonificaciones”) en carne de cañón de la seguridad democrática. Busca crear “convivir” universitarias, que hoy son informantes, y mañana soplones armados dedicados a liquidar intelectuales o escritores pervertidos.

¿Ha logrado Gaviria, con su trinchera en El Tiempo, intimidar a los periodistas, como lo afirma Jorge Enrique Botero, en su columna de respuesta a un escrito virulento del llamado Montesinos del uribismo, en el que pide que caiga todo el peso de la justicia contra el escritor y documentalista por sus opiniones de “intelectual pervertido”?
Creo que hay miedo y también  complicidad. Un poderoso sector del periodismo colombiano decidió ponerse el verde oliva, abandonó el equilibrio para militar en las filas de la lógica de la guerra. Por eso, ante una propuesta tan peligrosa como la de Gaviria (la de judicializar a quienes no sigan el credo antiterrorista de Uribe y compañía), muchos pasan de agache.

Es peligrosa,  pero nada original: defensores de los derechos humanos, senadores, representantes, sindicalistas, maestros, periodistas, líderes comunales, profesores, investigadores sociales, han sido asesinados por aquellos que consideraron que a esos cómplices del terrorismo, “pervertidos” sin remedio, había que liquidarlos. Es el sustento de la guerra sucia.

Lo de Gaviria no es opinión libre. Es la ideología de un proyecto de poder, que está utilizando una tribuna para agitar o legitimar ideas que ya son políticas de Estado o van en camino de convertirse en decisiones de alto gobierno, a la luz del día o de manera clandestina.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido