Caminar la palabra

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Hace algunos días Camilo Romero, gobernador de Nariño, le escribió al presidente Duque con un consejo y una advertencia. “Como se lo dije personalmente en momentos de la minga indígena en Cauca, se lo digo hoy: ¿después de cuántos muertos va a haber un diálogo social efectivo?”, preguntó. Y añadió: “Se lo dije también: Colombia no se gobierna con cartilla, ni con teoría del Estado”. El gobernador se refería a la negativa de Duque a ir al Cauca en el transcurso de la minga de marzo y abril de 2019. Hablaba de la importancia del movimiento a lo largo del país y de las conversaciones aplazadas con los grupos en mayores desventajas.

A diferencia del Gobierno, que pareciera estar dialogando exclusivamente con los cacaos (la entraña de su partido que representa ciertos gremios específicos) y leyendo los manuales de la mano dura pero amable de asesores, militares o tecnócratas, los verdaderos actores políticos del 2019 fueron los que se reunieron en torno a la minga indígena. Es decir, los 20.000 indígenas del CRIC del Cauca y ONIC a nivel nacional, el Consejo Regional Indígena del Huila (Crihu) y los indígenas misak, que este año han atravesado el país en un esfuerzo por tejer un relato que va más allá de sus regiones.

La minga de marzo y abril fue un momento clave en la historia de la movilización, pues, aunque no hablaron con Duque, los indígenas del Cauca sí lograron discutir las coincidencias y las diferencias con movimientos en el Valle, Huila y Caldas. Se sentaron también con movimientos afrocolombianos. Con los campesinos agrupados en el Consejo Nacional Agropecuario y el Comité de Integración del Macizo Colombiano. Un buen ejemplo de lo que está en juego tiene que ver con el manejo de los cultivos de coca. Mientras que los indígenas optaron por ser activos en la erradicación de los cultivos en sus propios territorios, lo que los expuso a ataques de las bandas y disidencias, muchos campesinos exigieron primero planes de sustitución. Aun así, unos y otros caminaron juntos. “Los mayores han dicho que toca volver a salir con otros indígenas y campesinos para volver a unirnos. Hemos entendido que solos no vamos a cambiar la situación”, explicó Jhoe Sauca, coordinador de derechos humanos del CRIC. Y anunció también que el CRIC nacional va a “avanzar en esa apuesta de transversalizar una lucha social”.

Ahora, tras una nueva y larga caminata hacia Bogotá, quieren unirse a otros grupos y consolidar su participación en el paro nacional. “Hay que apoyar la movilización”, dijo Norman Bañol, del Cridec, “con el fin de rechazar las políticas de empobrecimiento y despojo, persecución a las organizaciones de derechos humanos y los medios de comunicación alternativos”. “Aprovechamos este momento para invitar a los demás sectores campesinos, organizaciones hermanas, sociales transportadores y todos los que hacen parte de la sociedad para que nos sumemos (…) Este es el momento de que todos salgamos a las calles a movilizarnos de manera pacífica para exigir cambios estructurales en el país”, afirmó Reynel Torres, el consejero del Crihu.

Atravesando carreteras y municipios, están no solo mapeando el país, sino también sus afanes y frustraciones. “Estamos caminando por las ciudades, por los pueblos, y vamos rumbo al corazón de nuestra patria, la ciudad de Bogotá”, dijo uno de los marchantes. “Nos ha ido muy bien en el viaje”. Tras su llegada a Bogotá, uno de los delegados de la Minga del Suroccidente Colombiano resumió: “Somos de lejos pero ya estamos aquí (…) queremos ser partícipes de esta inconformidad que tenemos (…) no nos cansamos de caminar”.

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