Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Hace poco menos de un mes que el Ministerio de Salud confirmó los primeros nueve casos del virus zika en Colombia.
En su más reciente boletín epidemiológico, el Instituto Nacional de Salud reportó que ya han sido confirmados 341 casos positivos en municipios del Caribe, Antioquia, Norte de Santander, San Andrés y Risaralda. Otros cientos, según se reporta, son casos sospechosos. Pese a la rapidez de la propagación, obra del mosquito Aedes aegypti, no hablamos mucho del zika. Entre los pliegues de la navidad y la paz, vuela el zancudo en municipios “por debajo de los 2.200 metros sobre el nivel del mar”.
Como el chikunguña y el dengue (que también transmite el Aedes aegypti), el zika se pasa sin mucha bulla pues no es mortal. Fiebres, sarpullidos, dolores de cabeza y conjuntivitis han de ser tratados con paciencia y acetaminofén. Chikunguña, dengue y zika se propagan principalmente en barrios donde el Aedes aegypti pica más: barrios con pocos aires acondicionados y muchos criaderos de zancudos. Las tres enfermedades en su cotidianidad y su aparente intrascendencia reproducen en este diciembre una cantidad de binomios. Habrá quien las asocie con el sofoco y humedad (en oposición a la limpieza y ventilación). A calles sucias sembradas de basura y charcos (en lugar de barrios barridos y secos) e invasiones informales (y no conjuntos cerrados ni manzanas formales).
Aedes aegypti, mosquito, zancudo de patas largas cuya hembra chupa la sangre: si se les persigue por tierra caliente, puede su recorrido desbaratar todas estas dicotomías. La primera, la de la limpieza y la suciedad. Lejos de estar buscando mugre, la hembra que vuela sola, madre soltera, hace criadero en agua limpia, preferiblemente dentro de los hogares. Y, así las secretarías de salud enfilen esfuerzos contra basuras, trastos, tapitas y cáscaras de guineo donde se deposita la lluvia, la gente seguirá guardando agua a propósito. Se cosecha el agua de lluvia y se usa para trapear y lavar los platos, porque el agua del acueducto está muy cara. Se guarda el agua de la llave porque se va a ir pronto: porque llega cada 15 días, o sólo a veces y sin avisar. Porque la familia debe recibos y entonces una tía vecina regaló unos baldes.
Se deshace también una segunda oposición: la de la formalidad versus la informalidad. Mientras una familia enfrenta problemas, multas y hasta denuncias penales por conectarse clandestinamente a un tubo (lo que es ilegal), una empresa de servicios —pública, privada, en concesión— puede suspender los servicios a tutiplén y sin avisar (lo que también es ilegal). Porque llovió mucho: se fue la luz. Porque llovió poco: se secó el río. El recibo llega puntual, impreso con todo tipo de ofertas para comprar electrodomésticos por cuotas. Neveras y lavadoras. Al descuidarse la familia en la cuota del electrodoméstico se corta el servicio de agua.
El Estado en sus distintas escalas es flexible y opaco al permitir que algunos abran huequitos en la ley sin represalias. Es tolerable que se vaya el agua cada tres días en Malambo o en cualquier barrio de Cartagena. Sucede también que al construir infraestructura formal, se producen prácticas informales. Si las casas Vargas Lleras se entregan sin suministro cotidiano de agua y esta se recibe por la llave y con presión sólo algunas horas a la semana, es de esperar que todo el mundo esté guardando agua en cuanto balde. Colaborando, sin querer pero sin muchas alternativas, con el Aedes
aegypti.