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SON VARIAS LAS PROTESTAS QUE LOS trabajadores petroleros han organizado en 2015.
La última se presentó en el acceso a Campo Rubiales, en el departamento del Meta. Fue protagonizada por alrededor de 400 motociclistas, provenientes de las veredas El Oasis, Santa Helena, Rubiales, Puerto Triunfo, Cuernavaca, Tillavá y la población indígena de Buenos Aires. Esta vez (ya se han realizado distintas tandas de negociación otorgando garantías que se han incumplido) el pliego de peticiones incluía la reintegración de las miles de personas despedidas en el marco de la caída del precio del petróleo. Muchos de estos, trabajadores despedidos, no tienen relación alguna con Pacific, pues la compañía tiene actualmente 108 empresas contratistas y subcontratistas. De acuerdo con los informes de prensa, la caída en el precio “ha desencadenado una problemática social”. El coronel Carlos Alberto Meléndez, comandante de la Policía del Meta, narró cómo frente a la quema de llantas y vehículos, se envió a 240 “efectivos” del Esmad. “Lo del martes fue muy grave”, afirmó Meléndez, “quemaron siete vehículos, entre esos dos camionetas, dos volquetas, una compactadora y un carrotanque con agua”. De acuerdo con la Unión Sindical Obrera, USO, la cifra de obreros petroleros despedidos podría llegar a 25.000 al finalizar el año. Freddy Pulecio, líder de la USO, ha venido denunciando los despidos en Campo Rubiales: “Pacific está debiendo 370 millones de dólares a las empresas de servicios petroleros. Estas empresas, que son las que finalmente contratan a los trabajadores, les dicen ‘señores, fírmenme un paz y salvo’, sin haber recibido la liquidación”. Cada que puede Pulecio sostiene que la crisis está siendo amortiguada, no con pérdidas para los socios, sino con recortes de personal y es aprovechada además para deshacerse de dirigentes sindicales. Frente a los despidos que se apilan cada semana, el nuevo presidente de Ecopetrol, Juan Carlos Echeverry, sostuvo que en 2015 los resultados son “positivos frente a las pérdidas de 2014”. Con otra frase sin sentido, el ministro de Trabajo, Garzón, dijo “que el vandalismo y la actitud violenta se empoderan de una comunidad que no es violenta”. El comandante de la Policía del Meta afirmó que el problema en la zona radica en que los nuevos desempleados se han radicado en las varias veredas: “estas protestas tienen origen por el inconformismo de las personas que residen en el sector del Oasis, y esas personas se han venido quedando sin trabajo y quedaron residiendo en la zona”. Un espacio para vivir y trabajar. Desde la concesión de Mares en el Magdalena Medio, donde según el historiador Luis van Isschot había tanto petróleo que se salía de la tierra y formaba piscinas negras y densas, cada yacimiento se inventa como lugar. No quiere decir esto que antes hubiera tierra desierta, sino que la cotidianidad se transforma con la llegada de trabajadores de cerquita y lejos. Otro historiador, Mauricio Archila, dice que los lazos de solidaridad entre el movimiento de trabajadores petroleros, primera fuerza proletaria en la historia del país, son el producto del desarraigo que los inmigrantes experimentaron en Barrancabermeja. Así, más que un año de “despidos”, el 2015 es un año de nuevos destierros e incertidumbres para miles de hombres y sus familias. Como explica el líder Pulecio, más que como un despido los trabajadores lo viven como un destierro: “eso es un éxodo, eso parte el alma”.