Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En días de aguacero, protesta y paro se emiten juicios en cantidad.
En el caso de los estragos y los damnificados que se acumulan desde que inició la temporada de lluvias, la culpa es del “inclemente” invierno. Carlos Iván Márquez, director de la oficina de Gestión del Riesgo, reveló que “el invierno cobró la vida de tres niños en los últimos días”. Esta última frase puede reformularse. Como ya sabemos, el invierno no es una eventualidad, no es contingencia, es una constante anual. Así, a la hora de asignar responsabilidades sería prudente hablar de compromisos incumplidos en la construcción de infraestructura: la situación crítica del Magdalena, por ejemplo, es responsabilidad de contratistas que recibieron más de tres mil millones para la rehabilitación y no comenzaron ni siquiera las obras.
Sobre los 540 días que llevan esperando los damnificados de Gramalote, Vargas Lleras ha salido a culpar al “elevado presupuesto”. “Francamente quiero decir… es una cifra astronómica”, se limitó a repetir el ministro como indignado. Habrá quien piense, ante esta disculpa deliberadamente ambigua, que la culpa es de los gramaloteros que están pidiendo mucha plata. Pero haría bien un poco de claridad: ¿el presupuesto se escribió solo?, ¿hay que volver a comenzar todo el proceso por el desfase entre los organismos que planearon y los que adjudicaron los recursos?, ¿por qué no se dieron cuenta antes de este desfase?
Finalmente, en el marco de la jornada de protesta que paralizó a la mayoría de colegios públicos en Casanare, son muchas las voces que culpan al “gobierno nacional”. “Santos no tiene en cuenta a los niños”, “les recortó las regalías a los colegios”, reclaman indignados miembros del gobierno departamental. Sin embargo, lo cierto es que pese a los problemas que podrá tener la reforma, la responsabilidad por la crisis educativa recae principalmente en los gobiernos departamentales de los últimos años. En este caso, décadas de despilfarro, desorden y elefantes blancos dejan como saldo colegios en ruinas.