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A lo largo de los 60 y 70 el Departamento Administrativo de Seguridad DAS espió sindicatos y movimientos agrarios del país y envió marconis al Ministerio del Interior. En agosto de 1961, por ejemplo, se envió uno desde Atlántico: “Infórmese ayer 21 horas llevóse a cabo manifestación proletaria Soledad. Oradores atacaron con palabras soeces autoridades, Gobierno en general, alcalde ordenó detención dirigente Claudio [¿Urruchurtu?], quien ofendió verbalmente alcalde”. Los agentes siguieron a dirigentes campesinos por cuanto municipio. “Todos los campesinos y obreros progresistas invitados al gran acto político social que tendrá lugar en la noche del 31 de diciembre en la Vereda Palermo Municipio Quimbaya” recita otro marconi. Y complementa: “Contará con asistencia destacados dirigentes campesinos entre ellos Juan de la Cruz Varela. 10 p.m. bailes, rifas y estreno de la canción merengue En Cuba del campesino Miguel”.
Desde Barranquilla se reportan los detalles sobre una movilización (mas no sobre la represión que la sucedió): “anoche proletariado residente barrio El Bosque invadió zona adyacente levantando cobertizos en número no mayor de cien izando bandera tricolor nacional en cada sitio. Como justificación obreros aducen alto nivel vida, carencia trabajo, alza arrendamientos, falta vigilancia policía. Considero invasión obedece desarrollo plan comunista propósito crear conflictos sociales. He tomado medidas con ayuda de Comandante Brigada”.
No sólo el DAS se comunicaba con el Ministerio. Los sindicatos escribían sus propias cartas. En noviembre de 1965, el Sindicato de Trabajadores de Manuelita denunció la organización de grupos de seguridad privada como estrategia de los ingenios para destruir los sindicatos del Valle. “Nos dirigimos”, dice la carta “con el fin de informarlos sobre la inmensa inquietud que vienen expresando los trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, al conocer las instrucciones que viene dando el mayor Torres, instructor militar al servicio de esa empresa a todos los tractoristas, ayudante de mayordomo, capataces y otros, en relación a instrucciones sobre auto-defensa civil”.
Durante el fin del Frente Nacional algunos de los líderes que habían sido objeto de investigaciones del DAS pasaron a manos de la Justicia Penal. Con fines de “preservar el orden público” se utilizaron consejos de guerra verbales para juzgar civiles, dirigentes de la Unión Sindical Obrera USO que declararon una huelga en agosto de 1971. La huelga, por incumplimiento de la convención colectiva, estalló por desacuerdos en el tiempo de almuerzo de los obreros (tenían media hora y habían solicitado una hora completa pues el turno empezaba a las 6 a.m.). Fue declarada ilegal por el gobierno de Misael Pastrana que congeló los fondos del sindicato, militarizó la refinería de Barrancabermeja y aprobó el despido de 264 trabajadores. Con el fin del Frente vinieron años de cambios, entre ellos el desmonte de victorias laborales de los sindicatos. Las décadas de los contratos de prestación de servicios en la ciudad coincidieron con la arremetida paramilitar contra los movimientos de tierras. Contra los sindicatos del banano, la palma, la caña, el petróleo. Entre 1977 y el 2004 fueron asesinados 114 miembros de la USO.
Muchos de los líderes que se mueven hoy entre los caminos de restitución de tierras, la resistencia campesina, indígena y negra, sobrevivieron este pasado de desmantelamiento de la movilización. Fueron seguidos, oídos, obligados a levantarse varias veces entre la represión para o militar (y muchas veces el acoso de la propia guerrilla). Ruth Alicia López Guisao, que fue asesinada el jueves, había sobrevivido con su familia al exterminio de la Unión Patriótica en el Urabá y a la Operación Orión en Medellín. Había liderado procesos barriales y trabajaba en proyectos de seguridad alimentaria en Medio San Juan y Sipí, Chocó.