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John Alexánder

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John Alexánder Ramírez, de 20 años, murió el domingo a las diez de la mañana, tras el disparo que le propinó un miembro del Batallón de Apoyo y Servicios para el Combate N° 5 Mercedes Ábrego.

Al conocer la noticia, vecinos de la Ciudadela Nuevo Girón, proyecto de interés social en el área metropolitana de Bucaramanga, salieron a la carretera. De acuerdo con información de Vanguardia Liberal y del informativo local Girón City, la gente intentó atacar a los soldados —que tuvieron que ser escoltados por tropas adicionales del Ejército— y continuó protestando hasta que intervino el Esmad de la Policía.

El enfrentamiento entre los vecinos y el batallón no sólo fue físico, pues los dos grupos tienen versiones muy distintas sobre lo que pasó. El Ejército, con los días, ha ido complementando la suya. Primero se dijo que el joven “los agredió verbalmente” y les robó una cachucha. Luego que se “robó la gorra para crear una distracción” y salvar a sus cómplices. Después que “el joven muerto tenía varias anotaciones relacionadas con delitos como el microtráfico” y que Nuevo Girón se está convirtiendo en un “nido de delincuentes”, de “bazuco, cocaína y marihuana”. Finalmente, la Quinta Brigada concluyó en un comunicado que “el joven muerto” amenazó a los soldados con una granada de fragmentación.

En oposición a estas explicaciones, los habitantes de Nuevo Girón dieron declaraciones en prensa y radio. Muchos manifestaron que “pensaron que el Ejército venía a hacer batidas” y se asustaron. Algunos reconocieron que los jóvenes estaban “vagando”, pero “no estaban haciendo nada tan malo”. Que John Alexánder fue grosero e intentó escapar. Todos coincidieron en que no estaba armado, en que no tenía pistolas, “mucho menos granadas”, en que el disparo fue apresurado y “no debe quedar en la impunidad”.

“Nosotros acabábamos de desayunar y salimos a la montaña a meter droga, esa es la realidad; cuando vimos que venían los militares de una vez nos paramos de ahí, pero uno de los soldados se nos vino encima”, explicó con claridad un amigo, testigo de los hechos. Por su parte, el concejal Humberto Blanco, del municipio de Girón, salió a defender a la comunidad. Denunció que, según la información que ha recibido, al acusado “le colocaron una granada de fragmentación para justificar la muerte”.

En tiempos en los que comunidades negras e inmigrantes de ciudades norteamericanas y europeas se rebelan porque la fuerza pública desenfunda con afán y sin mayores consideraciones contra sus hombres (sobre todo jóvenes), es preciso reconocer que en Colombia también hay grupos a los que las fuerzas estatales les disparan rápido y por sospecha. Que existe una especie de campo semántico del que siempre es sospechoso: el hombre joven que no tiene plata ni es blanco, que está caminando y fumando algo. El que siempre tiene que justificarse como civil. En Nuevo Girón o en otros barrios en las “áreas metropolitanas” de Medellín, Barranquilla o Pereira. En la Colombia que hace rato se apila en los núcleos urbanos, plena por todas partes de rutinas de microtráfico. Que construye proyectos urbanos de interés social en los que el único paisaje verde son las patrullas uniformadas del Ejército.

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