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La Creciente

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COMENZANDO NOVIEMBRE ES TRAdición escuchar a las presentadoras de noticieros formulando melodramáticas metáforas sobre aguaceros e inundaciones.

“¡La furia de la naturaleza atacó nuevamente!”, “El amenazante río Magdalena arrasó con todo” y “Lluvias despiadadas sumergieron a miles de personas” son todas fórmulas ya aprendidas para declamar mientras se frunce el ceño.

A fuerza de costumbre, hemos naturalizado el idéntico sonsonete anual de “lluvias, desastres y alertas naranjas”. No nos suscita reacción alguna. Un infalible síntoma de esto es que hasta la televisión matutina desistió de organizar los caritativos teletones de antaño.

Tampoco nos interesa quebrar las metáforas: ni la naturaleza está furiosa, ni el río Magdalena es maléfico, ni las lluvias caen como castigo. Los más pobres de algunas regiones del país siguen viviendo en las zonas de mayor riesgo e inevitablemente, una vez al año —cuando llueve mucho—, pierden todo y deben empezar de cero. Se caen las casas, se averían los enseres, flotan los colchones, se enferman los niños.

Los ríos Magdalena, Cauca, Catatumbo y Cimitarra se han desbordado todos los años de la última década sobre los mismos municipios. Luego no se trata ni siquiera de catástrofes naturales, pues una catástrofe, por definición de diccionario, es inesperada.

Los protocolos de prevención o mitigación de estos desastres son obsoletos y kafkianos. Actualmente, si los habitantes de un municipio son devastados por el agua, deben esperar a que la Defensa Civil levante un censo de damnificados. Este censo es entregado “en persona” al coordinador del comité local de prevención y atención de desastres, quien lo revisa y lo entrega en la Alcaldía. El alcalde debe firmar el censo y redactar un informe. Este informe tiene que ser radicado en copia física (nunca digital) en la oficina de correspondencia de la Gobernación respectiva. Una vez en la Gobernación se da inicio al “trámite” de las ayudas.

Mientras transcurre la fiesta de sellos y firmas sigue cayendo la lluvia. Y en lo que va del año deja 98 muertos, 16 desaparecidos y 1.049.000 damnificados.

acevedo.tatiana@gmail.com

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