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Alrededor de 10 mil personas escucharon, hace algunos días, el discurso de Juan Manuel Santos en una de varias “manifestaciones campesinas” convocadas por el Gobierno en el marco de la implementación de las leyes de Tierras y Víctimas.
No es la primera vez que un presidente utiliza esta estrategia. La idea de promover concentraciones populares para que las élites (legales e ilegales) de ciertas regiones se percaten de que una reforma va a ser llevada a cabo, contra viento y marea, la tuvo Carlos Lleras Restrepo hace 45 años. Una breve mirada a sus experiencias nos da cierta perspectiva sobre la coyuntura.
En defensa de las leyes agrarias, Lleras exhortó al campesinado a manifestarse en las distintas plazas públicas. En mayo del 67 arremetió contra lo que llamó “feudalismo costeño” y advirtió lo siguiente desde Santa Marta: “Se hará el cambio social, pase lo que pase. Saldré a buscar a las masas y veremos al final quién gana (…). El espíritu de la transformación tiene que ser una fe combativa, y por esa fe voy a librar aquí en la Costa Atlántica y en toda la República la campaña que sea necesaria, con la intensidad que me están mostrando como necesaria los obstáculos”. Después dictó el decreto 755, “para promover la organización campesina” —que calificó como el “más trascendental” de su gobierno— y que dio origen a la ANUC.
Tras algunos años de recuperaciones de tierras, la ANUC fue blanco de los ataques e intervenciones de terratenientes, guerrillas y paramilitares. Gran parte de su dirigencia fue asesinada, y cientos de afiliados desplazados. Lleras no previó la magnitud de la reacción ni la poca continuidad que tendrían sus ideas. No imaginó que nunca volvería a ser presidente, ni anticipó que Pastrana desmontaría la reforma. No podía presentir la emergencia del narcoparamilitarismo, el auge de las guerrillas, la fragmentación del movimiento campesino, la criminalización de terratenientes .