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Con un poético mensaje, escrito con letras mayúsculas en una valla en las afueras de Bucaramanga, se recibió hace algunas semanas a Luis A. Gil: «Aunque continúen cortando las flores, las seguiremos regando, buscando la primavera».
Con un poético mensaje, escrito con letras mayúsculas en una valla en las afueras de Bucaramanga, se recibió hace algunas semanas a Luis A. Gil: «Aunque continúen cortando las flores, las seguiremos regando, buscando la primavera».
¿Quiénes son las flores? ¿Quién pretendía hacerles daño? ¿Con qué las van a regar? Poco después de su llegada, Gil fue disipando estas dudas. De acuerdo con sus declaraciones, es posible concluir que Riaño, Hugo Aguilar y el mismo Gil, son pioneros, flores (de esperanza), víctimas de diversos complots políticos. La justicia, afirmó, “es una moneda de dos caras”. El soborno de 100 mil dólares, del que se acusó a su abogado Ballesteros por comprar testigos y querer favorecerlo, fue a sus espaldas y posiblemente es otro fruto de la conspiración. El creador de Convergencia insinuó también que su movimiento pasa por un buen momento. Su amigo Riaño está libre y la relación con Aguilar y con su hijo, actual gobernador de Santander, es amigable. Incluso, según contó, el día en que salió de prisión un colega lo felicitó pues no sólo quedaba libre, sino que “salía premiado porque su esposa mantiene una curul en el Congreso y porque el presidente del Consejo Nacional Electoral, José Joaquín Plata, es cuota del PIN”.
Atrás quedan las alianzas con los sectores más tradicionales y corruptos de la región, los líos de Solsalud y Ganasalud, los pactos con el Bloque Central Bolívar y las declaraciones que tuvo en cuenta la fiscalía, según las cuales al ex representante Riaño “lo único que le faltaba era ponerse el uniforme.” Con lágrimas en los ojos, Gil llega a Bucaramanga a hacer política, promoviendo su propia versión de la historia. Y como son sus cercanos los que están en la gobernación, es posible que esta ya sea la versión oficial del pasado. Una interpretación en la que la única víctima es Convergencia, que ahora convertida en PIN, renace como alternativa en una “primavera santandereana” de la democracia.