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EPM explicó el pasado miércoles que si se mantienen las lluvias que se han reportado hasta el momento en la zona del proyecto, “este lunes 5 de noviembre podría habilitarse el vertedero del Hidroituango”. Londoño de la Cuesta, gerente de las Empresas Públicas de Medellín, anunció que “faltan 3,70 metros para llegar a la cota 405, lo que permitiría habilitar esa área del proyecto”. El anuncio es importante pues, si se logra evacuar el embalse por el vertedero, se lograría tener el control del embalse: de reportarse un nivel muy alto en las aguas por aguaceros “se podría evacuar hasta 22 mil metros cúbicos por segundo”.
La buena noticia para EPM coincidió con un fallo de juzgamiento emitido por el Tribunal Latinoamericano del Agua, una instancia internacional, autónoma, de justicia ambiental, fundada en 1998 para contribuir a la solución de controversias relacionadas el agua y que, tras recibir e investigar más de una centena de denuncias, ha celebrado siete “audiencias de juzgamiento” en Costa Rica, México, Guatemala, Turquía, Nicaragua y ahora Colombia. En su decisión, que no tiene efectos legales pero sí simbólicos, el tribunal responsabilizó “al Estado colombiano, a la empresa Hidroituango, a EPM y a la Gobernación de Antioquia por los severos daños ambientales, sociales, económicos y culturales que el proyecto Hidroituango ha provocado a los habitantes de la zona, así como por la exposición de la población al riesgo permanente que representa la peligrosidad de las condiciones sísmico-geológicas en que se emplaza la represa y sobre todo por las deficiencias técnico constructivas de la obra”.
La líder de opinión María Isabel Rueda se burló de la decisión. “El Tribunal Latinoamericano del Agua, una ONG de la cual por lo menos yo nunca había oído mencionar jamás, recomienda la siguiente bobadita”. Rueda, que es consciente de los retrasos de la obra, concluye: “todo” dependerá del concepto del Banco Interamericano de Desarrollo BID, que definirá si el proyecto es saludable desde el punto de vista de financiación. “El BID será el que nos diga si es posible como dice EPM que el proyecto entre en operación en tres años”, concluyó. La declaración, que es tosca, pone de relieve un hecho primordial: los problemas de Hidroituango nunca ha sido eminentemente técnicos sino políticos pues, como dice Rueda, todo depende de los préstamos. De haber fondos, se construye como sea, porque ya la decisión está tomada de antemano.
Esto no es exclusivo de Colombia. La industria hidroeléctrica, que tuvo un declive a principios de la década de 2000, ha restablecido su dominio como la principal fuente de energía renovable a nivel mundial, particularmente en países como Colombia, que tratan de entrar en las ligas del desarrollo. A partir de 2015, el 76 % de toda la electricidad renovable en el mundo proviene de centrales hidroeléctricas: la industria está en auge y da mucha plata.
En lugar de ser un resultado del avance tecnológico (la mayoría de las centrales hidroeléctricas todavía se basan en la turbina Francis, desarrollada en 1849 por el ingeniero James Francis), Hidroituango, y tantos otros proyectos, se hacen diariamente posibles debido a la incorporación de varios conjuntos de supuestas verdades incuestionables en el discurso nacional, mediático, gubernamental y del sentido común (ideas como las relacionadas con la sostenibilidad ecológica de este tipo de generación y las predicciones que alertan sobre una inminente escasez de energía y una vuelta al apagón de Gaviria). Con tantas verdades proclamadas, que tienen asidero sobre todo en la especulación, se deja completamente de lado la posibilidad de lecturas alternativas sobre cómo abordar los distintos desafíos sociales y ambientales que rodean la generación de energía.
Una población que estuvo sometida a maltratos sin fin en el contexto de la arremetida paramilitar, en el pasado reciente, fue atravesada por Hidroituango. Algunos en el nivel nacional y departamental, que concentraban el poder de decidir, ganaron (y ganarán más cuando se inaugure el proyecto). Otros perdieron todo a lo que se aferraban.