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«¡Qué coqueto el presidente!»

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«¿VA A PRACTICAR ALGÚN DEPORTE cuando salga de la presidencia?», preguntó la presentadora peruana Magaly Medina a Alan García.

“Yo te voy a enseñar qué deporte practico”, contestó fogoso el mandatario. Medina no sólo exclamó que “¡Qué coqueto el presidente!”, sino que transmitió la romántica propuesta por televisión. Algo normal en los medios peruanos, que no suelen tener reparos en hacer públicas las aventuras extramatrimoniales y los hijos escondidos de los políticos (o futbolistas) de primera línea.

En Colombia más de uno torcerá los ojos al leer esto mientras piensa, con algo de pesar, en el vecino país. Sin embargo, más allá de los complejos de superioridad que en Bogotá y otras ciudades suele haber hacia la región andina (un tema del que poco se habla), debe reconocerse que en nuestro país hay historias similares, protegidas por un pacto tácito de respeto de los medios hacia las vidas privadas de los políticos “importantes”.

Esta costumbre tiene sus ventajas. No se transmiten en vivo ordinarieces como las de García, y “la cosa política” tiene una apariencia decorosa y distinguida propia de la “democracia más vieja de América Latina”. Más importante aún, se protege a menores de edad y demás familiares de los políticos del escarnio público.

Pero el silencio incuba cosas peores. Permite que políticos con posturas ideológicas estrictas sean incoherentes, sin que ello suponga sanción alguna de parte de los votantes. Es así como proliferan los defensores a ultranza de la familia con matrimonios de mentiras y noviazgos de verdad, los devotos del Opus Dei que nunca duermen tranquilos y los enemigos de las libertades individuales que predican en lo público y poco aplican en lo privado.

Y más allá de la contradicción, el silencio absoluto sobre la vida privada de los hombres públicos esconde debajo del tapete las historias cotidianas de acoso, abuso de poder e incluso conflictos de intereses. Mujeres que lidian con poderosos coquetos, relaciones que se entablan bajo la presión del “hazlo porque te conviene”.

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