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El censo electoral es la lista de los ciudadanos que se encuentran habilitados para votar. Sus orígenes en el país se remontan a 1810, cuando una primera reglamentación estableció que “restricciones de edad, sexo, calidad de vida, educación, conductas sociales y mentales, propiedades y rentas” contribuirían a reducir la capacidad electoral de los colombianos. Así, el primer censo electoral lo realizaron el alcalde y el cura de cada parroquia, quienes fueron de casa en casa recopilando las características básicas de los “parroquianos”: “sexo, edad, estado civil, calidad, ocupación, padres de familia y número de esclavos”. Estas características eran analizadas en público para definir quiénes llenaban los requisitos para ser electores y cada cual podía opinar sobre la idoneidad de los demás para votar. Hacia 1813 (en vigencia de la Constitución del Estado Monárquico Republicano de Cundinamarca), los requisitos para ser elector incluían ser varón libre, tener más de 21 años, saber leer y escribir, tener empleo o industria, profesar alguna ciencia o arte sin sujeción a otra persona en calidad de sirviente doméstico y poseer una capacidad económica superior a los 200 pesos.
Estos requisitos fueron modificados muchas veces a lo largo del siglo XIX. En 1820, se permitió votar a los soldados del Ejército. En 1822 se pidió a los electores tener finca raíz y se modificó el mínimo de renta anual obligatorio. En el 32 se estableció que si alguien se creía excluido injustamente del censo podía entablar una querella ante el Concejo Municipal, y en el 52 el presidente José Hilario López firmó la abolición de la esclavitud. Ya en el siglo XX, el censo electoral se organizó en torno a dos listados. Para 1910 los hombres mayores de 21 que sabían leer y escribir o que tenían renta anual de 1.000 pesos podían votar para presidente de la República, asambleas y concejos, los otros (hombres mayores de 21) sólo podían votar para asambleas y concejos.
Además de la agresión que suponía excluir a tantos y tantas del derecho a decidir sobre sus gobernantes, estaban también las agresiones físicas en el contexto de las elecciones. En 1926 el periódico liberal El Diario Nacional proclamó que el candidato del partido sería Pericles Neira, un personaje imaginario. El gesto hacía referencia a la voluntad del partido, insatisfecho con la hegemonía conservadora, de abstenerse en los comicios presidenciales. En 1922, en lugar de apoyar a un gobierno conservador como lo habían hecho a lo largo de la hegemonía corrieron con su propio candidato, pero después de elecciones alegaron que éstas habían estado sembradas de violencia y corrupción. Cuatro años después, el clima de tensiones y ataques contra votantes liberales hizo que varios directorios declararan la abstención. “El Directorio Liberal decreta la abstención en Ciénaga. La situación es imposible de narrar. No hay opción, pues, aquí hay gente armada venida de Santa Marta y dispuesta a todo”, informó un telegrama en 1925. El 5 de octubre de 1926, la representación parlamentaria liberal decidió retirarse del Congreso y días después declararon la abstención presidencial.
En 1934 se inició la cedulación en el país y en 1936 se aprobó el sufragio universal masculino. Con un tamaño de 17 centímetros por lado y de papel fino, la cédula incluía “el nombre y huella de la persona, su domicilio, filiación, edad, color de piel, estatura, tipo y color de cabellos, modalidades de frente, boca, labios, ojos, nariz, señales particulares y defectos físicos visibles”. En medio del inicio de la violencia, en 1948, el Gobierno contrató misiones técnicas internacionales para reformar las instituciones electorales. Y durante la confrontación fue el derecho a obtener una cédula uno de los motivos de discordia. Sólo hasta 1955 se extendió la cedulación a todas las colombianas mayores de 21 años. Hoy domingo las Farc participarán de manera legal por primera vez en elecciones, como Fuerza Revolucionaria Alternativa del Común. Alrededor de 6.900 exmiembros de la guerrilla (32 % mujeres) en 14 de los 32 departamentos de Colombia podrán acercarse a los puestos de votación. El censo electoral, históricamente tan flaco y discriminador, se ensancha.