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— OÍTES TOLA, ¿VERDÁ QUE EL PREsidente Uribe anda clavado en un colcenter contestando personalmente todas la preguntas de la gente sobre el tema de la salú?
— Figurate… Yo llamé y me contestó una máquina: “Esta llamada puede ser grabada, monitoriada o chuzada por el DAS”… Y enseguida habló Uribe: “A la orden, hijita, ¿en qué le puedo servir, que no sea prestarle plata?”
— Ese Álvaro es de lavar y aplanchar… Qué berriondo tan formal.
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— Yo le dije: Ay, Presidente, siento un taco aquí en el guargüero, como si me hubiera dentrao en reversa la reforma de la salú… Y siento por dentro una cosa que me sube y me baja… Y me dijo: “Sería que se tragó un dólar, hijita”.
— ¿Pero qué te contó de la bendita reforma esa? ¿Le preguntates si es cierto que van a poner la eutanasia retroactiva?
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— Me le quejé de la mala atención en la peese… Le conté de la amiga de nosotras, Fulvia, que lleva dos años pidiendo unos udífonos pa los oídos y siempre la caramelean: que venga pasado mañana, que el mes entrante… Fulvia ya aprendió a leer los labios.
— ¿Y qué dijo Uribe?
— Pegó un berrido: “¡Ministro! ¡Diego!… Este hombre sí está más sordo que una tapia… Va tocar hijita que se encomiende al Señor de Monserrate”.
— Primer vez que Uribe delega.
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— Entonces yo le dije: pero al menos arreglen las escalas del cerro pa poder subir a pagar las promesas… Uribe se quedó callado y lo noté meditabajo y cabizbundo… Y me dijo, con la voz más quebrada que Canajal: “Usté se queja de la salú, pero viera hijita cómo ando yo: Tengo descompuesta la mano de darle palmadas en el anca a Andrés Uriel pa que se mueva… Cuando veo a Pastrana me da agriera y tengo la vesícula vuelta nada de la bilis que siento por Noemí…”.
— Qué pecao… Uno cree que Uribe no siente, pero la procesión va por dentro.
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— Y prosiguió, haciendo pucheros: “Ya Juan Manuel tiene la risita del heredero y Tomás y Jerónimo me comenzaron a decir Cucho… Y pa completar, Lina anda regada por las tiendas consiguiendo cajas de cartón pa empacar…”.
— Apostar Tola que si Uribe deja el poder al otro día se nos muere de pena moral… Lo deberíamos reelegir por razones humanitarias.
— Lo sentí con el carriel caído… Él, que nos prometió acabar con la guerrilla, se acaba de enterar que esos vergajos compraron misiles rusos.
— Pero ya Jojoy aclaró que ellos son agricultores y que los misiles son pa dispararle a las nubes pa que llueva.
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— Ve Maruja, por ahí contaron que las Far fusilaron a uno de sus muchachos quizque porque se robó un cigarrillo.
— ¿En serio? Qué manera tan brutal de quitar el vicio de fumar… Hubieran probado con hipnosis… Ole Tola, seguime contando tu conversación telefónica con Álvaricoque.
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— Yo le pregunté: Dotor Uribe, ¿es cierto que el DAS le hacía seguimiento a los sindicalistas y le contaba todo a sumercé?
— ¿Y qué te contestó?
— Dijo: “Siguiente llamada”… Y colgó.
— A Uribe lo molestan mucho con la persecución a los sindicatos, pero si algún gobierno los ha beneficiado ha sido este, sobre todo al Sindicato Antioqueño.
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— Oítes Maruja, cambiando de tema, ¿vos supites del escándalo hace días del alcalde de la localidá de Los Mártires, aquí en Bogotá, que hizo una reunión de vecinos en un prostíbulo?
— Claro, que asistieron puros hombres y sobró quórum.
— ¡Tengo una piedra!… Me pillé que Ananías mi marido iba a esas asambleas… Esculcándole el pantalón le encontré entre la relojera este papel: el acta de una de esas reuniones.
— No charlés, mostrá… Prestá yo leo: Orden del día. Primero, coctel de bienvenida y lectura del acta anterior… Segundo, brindis por al acta anterior… Tercero, pequeño recreo para los que quieran bailar vallenato romántico o salsa cama… Cuarto: Proposiciones varias…
— Ahí los asquerosos hombres proponían…
— Quinto: Quejas y quejidos…
— No sigás querida que estoy que me condeno de la ira.