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— ¡SAGRADO ROSTRO!, TOLA… ¿QUÉ te pasó en la cara? ¿Quién te aporrió tan horrible, que te dejó como una nazarena?
— Dejá la bulla, Maruja, que el escándalo es el que mata… Me cascó un amigo borracho.
— Pero contame qué pasó, ole, no me dejés en ascuas.
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— Figurate que un amigo paisa, que se siente quizque muy solo en Bogotá, me convidó a salir, y no podía desaprovechar la oportunidá porque yo no salgo hace… Avi María, la última vez que Ananías mi marido me sacó fue cuando la visita de Juan Pablo II, que salimos a noveleriar y chupamos paleta.
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— A ver Tola, barajámela despacio: ¿vos le ibas a poner los cachos a Ananías?
— Mirá querida: primero que todo, a mi marido ya se le cayeron también los cachos… Y segundo que todo, yo tengo derecho a rehacer mi vida.
— No me digás que te conseguites un tinieblo.
— Llegamos a la taberna y él pidió media de guaro y me ofreció un coltel, pero le dije que mejor me diera la plata.
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— Siquiera él se estaba tomando los “embellecedores”, pa que te viera menos pior… Claro que pa verte bonita a vos se necesita una sobredosis mortal.
— Lo maluco es que agarró a hablar de puro fúrbol, y yo que no entiendo ni mu… Entonces pa cambiarle de tema le pregunté qué pensaba de Uribito y me dijo: pobre Andrés, ahora en la cárcel se ha dado cuenta de quiénes son los verdaderos amigos… Lástima que también estén encanados.
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— ¿Y vites Tola que el analista León Valencia le está pidiendo a Uribe mil doscientos millones de indenización por haberlo acusado de terrorista?
— Cuentan que Uribe quiere conciliar y le ofreció una notaría.
— Seguime contando: entonces mientras aquel tomaba guarilaque, vos pedías la plata de los colteles.
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— Cuando menos pensé, el hombre estaba más prendido que la zarza de Yavé y otra vez hable y hable de fúrbol, y le dije: Oites cosiámpiro, ¿cómo te parece el gobierno de Santos? Y me contestó, abriendo tamaños ojos: ¿Ya empezó? Entonces me dio mucha ira y le grité: ¡Uribista!
— Uyuyuy… Praticamente le dijites opositor.
— Y se paró como un resorte y me guindó a sopapos mientras me decía: ¡Llame pues a Chuky pa que la defienda!
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— ¿Y vos por qué no saliste de güida?
— Me arrecordé de la técnica de Santos con Uribe: cerré los ojos y empecé a decir el mantra: No peleo con él, no peleo con él, no peleo… Y el infame aprovechaba pa darme más guarapazos.
— Lo hubieras agarrado a carterazos y sombrillazos.
— Yo bregué a descalabrarlo de un taconazo pero el vergajo sabe amagar y gambetiar y me desbordó por el lateral izquierdo, poniéndome carga lícita.
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— ¿Y nadie te defendió?
— Apareció la senadora Liliana Rendón, pero se puso a hacerle barra al tipo y decía: Algo le hizo esa vieja al pobre, las mujeres pa fregar estamos solas…
— Ni culparlo, seguramente en medio de la rasca te confundió con un macho.
— Gracias a mi Dios, él cogió un tasi… Y yo esperé que amaneciera pa coger bus.
— Ese desgraciao merece que le den la casa por cárcel… La tuya, pa que chupe.
— Y llegué a la casa y me acosté callaíta… Pero no pude pegar el ojo… El derecho, porque el otro ya lo tenía cerrado.
— Ve Tola, ¿te parece que el tipo merece una segunda oportunidá?
— Pues si se la dan, que sea con otra vieja… Yo no me le mido a otra muenda.
*¿Se perdió El radar con Tola desfigurada?: www.tolaymaruja.com.