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No nos consta

Tola y Maruja
18 de enero de 2014 – 05:00 p. m.

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— Ole, Maruja, necesito pedirte un favor: ¿vos me podés prestar 15 mil pesos, que yo te los pago en el posconflicto?

— Yo no cargo tanto efetivo… ¿Y pa qué los necesitás, si se puede saber?

— Es que figurate que estoy atrasada en los diezmos de la iglesia de las Piraquivas y si no hago algún abono urgente me avientan a Datacrédito.

— ¡Tola, no charlés tan pesao! ¿Vos te volvites protestante? Con razón últimamente te mantenés de falda larga… Yo pensaba que era pa tapar las váris.

— Yo me dececioné demasiadamente de la iglesia católica por tanto cura pederastia y entonces de novelera fui a una misa protestante y me encarreté porque hay música en vivo y testimonios de pecadores.

— Vos donde haiga chisme ahí te ceban.

— Es que la iglesia protestante tiene de bueno que los fieles se confiesan delante de todos y todos nos enteramos de los pecaos de todos, no como la fe católica que ese placer se lo acaparan los sacerdotes.

— ¿O sea Tola que en esos templos protestantes no hay confesionarios?

— Está el mueble, pero pusieron cajeros eletrónicos.

— Te noto amañada… ¿Qué más de bueno tiene la tal iglesia de las Piraquivas?

— La pastora-senadora Alesandra es muy comprensiva y en las eleciones pasadas me fio el voto.

— ¿Cómo así? A ver Tola, barajámela despacio: ¿qué eso de que te fio el voto?

— Es que las Piraquivas no le compran a uno el voto sino que los fieles pagamos pa que nos dejen votar por ellas.

— Upa, ganan por punta y punta las vivarachas, con razón dicen que la fe mueve montañas… de pesos.

— La pastora doña Piraquiva, la mamá de la senadora…

— Ah, ¿la que hace botox de pobreza?

— ….es muy formal y me dio facilidades de pago pal curso de predicadora que estoy haciendo.

— Pero Tola, tengo entendido que vos no podrías predicar por tu cara, que se considera discapacidá estética.

— Bien podás burlate, blasfema… Ese es el problema de los católicos: pa ustedes la fe ni fu ni fa.

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— Respeto tus creencias, Tola, pero yo no estaría ni de fundas en una iglesia que descrimina los discapacitaos.

— Que pena con vos Maruja pero doña Piraquiva tiene razón: ¿vos te imaginás un boquineto predicando el “Jermón” de la montaña? ¿O un manco diciendo: Que tu mano derecha no sepa qué se hizo tu izquierda? ¿O un jorobao cantando: El Señor hizo en mí maravillas?

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— Yo lo único positivo que le veo a esas iglesias protestantes es que te tocan el timbre un domingo muy temprano y así uno aprende a perdonar.

— Una iglesia no se puede dar el lujo de mostrar pastores discapacitaos porque los fieles van a pensar: No tiene tanta fe ese tullido puesto que no se ha curao.

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— Ahí sí te doy la razón: doña Piraquiva no es tan caída del zarzo pa poner un ciego a que recoja la limorna y le metan billetes falsos.

— Es que no tiene presentación un predicador rezando: El Señor es mi pastor y nada me faltará… y que le falte un ojo.

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— Te repito Tola que respeto tus creencias pero yo desconfiaría de una iglesia que vende el agua bendita con gas.

— No sé, a veces me provoca volver a la religión católica, con ese papa tan chévere… ¿Verdá Maruja que su santidá Pachito va a permitir que los curas den misa los viernes con sotana tela bluyín?

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— Tola, no des la ganga con las Piraquivas, volvé a la iglesia católica que es la mejor: pecás, rezás y empatás… En esas otras religiones el empate no sirve: te vas a penaltis o repechaje.

— Mirá Maruja ese grafitis: “Petro, amigo, el ego es tu enemigo”.

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