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No nos consta

Tola y Maruja
06 de marzo de 2008 – 01:24 a. m.

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– Oites Maruja, yo con mucho gusto te acompaño a la marcha del jueves pero te pido el gran favor de que mientras marchemos no mentemos paracos ni guerrilla ni mafiosos ni políticos ni delincuentes comunes…

– ¿No querés que hablemos de actualidá colombiana?

– Nanay… Hablemos cosas de nosotras, de nuestra vida íntima.

– Dejá de hablar pajarilla Tola que vos tan vejestoria ya ni tenés vida íntima… A ver, contame ¿cuándo fue la última vez que tu marido te agarró la mano?

– Hará como tres años, que me quitó el reloj pa empeñalo.

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– ¿Vos y Ananías todavía duermen juntos?

– Cuando vamos a cine, que nos penquiamos al mismo tiempo.

– ¿Vites?… Ya ustedes dos no son pareja sino parientes.

– Es que la pareja la daña es Ananías, que le falta sentido de pertenencia.

– La relación cambia Tola y uno termina es amiga del marido… ¿Vos tenés una relación de amistá con Ananías?

– Muy bonita… Mi marido me cuenta todas sus cosas… En estos días me confió un secreto: que me aborrece.

– Es normal, Tola… El matrimonio se vuelve una relación de amor y odio y uno tiene es que saberla llevar y mantener guardados cuchillos y tijeras.

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– La clave del matrimonio es no caer en la rutina… A mí por ejemplo me gustaría conseguir muchacha del servicio pa volver a sentir celos de mi marido.

– ¿Sabés Tola qué aconsejan pa revivir la pasión en el matrimonio? Tener siquiera cada cinco años una luna de miel con la pareja.

– Pura carreta… Yo tuve luna de miel con Ananías hace dos años y me supo a cacho.

– ¿Luna de miel? ¿Y por qué no me habías contado?… Me parece el colmo Tola que me contés una cosa tan trasnochada… Pero dale, contá… Más vale tarde que nunca.

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– El año antepasado los hijos nos regalaron una luna de miel en Melgar… Yo les dije: cuál luna de miel ni qué ocho cuartos, su papá ya no sopla… Entonces Esneda, la mayor, me dijo: pues aunque sea conversan, amá, ustedes que ya ni se hablan.

– Claro, lo que llaman seso oral, que es más seguro.

– Entonces nos fuimos en un plan de hotel medio día-una noche. Y llegamos al hotel y ahí tuvimos el primer agarrón porque yo le tengo terminantemente prohibido a Ananías dar propinas y el pendejo le dio una moneda de quinientos al botón del hotel.

– ¡Quinientos! Hum, media bolsa de leche o una libra de sal.

– Ananías ya venía harto copetón: tenía su media de aguardiente entre pecho y espalda.

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– Muy emocionante otra luna de miel, sobretodo uno tan traquiao, como es el caso tuyo… ¿No estabas nerviosa?

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– Claro que estaba, pero no por "aquello" sino porque me daba susto que a Ananías le diera por coger alguna botella bien cara del mini bar.

– Es que un borracho no tiene medida de las proporciones y todo le parece barato, hasta el Predial.

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– Entonces Ananías me dijo que se iba a tomar el viagra y que se iba a pegar una recostadita mientras le hacía el efecto.

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– ¿Viagra? ¿Tu marido toma eso?

– Primer vez que tomaba… Inclusive me dijo que por precaución se iba a tomar no más media pastilla, pero yo le dije: bóguesela entera, mijo… Lo que ha de ser, que sea.

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– ¿Y entonces?

– A este carajetas le dio por probar a qué sabía la bendita pepa y en vez que tomásela, se la chupó… ¡Y se le entiesa la lengua!… Ni pudimos conversar.

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– ¿Y qué hicieron después?

– Como el plan no incluía alimentación, nos salimos pa la manguita a comenos el fiambre.

– ¿Y miraron la Luna?

– Yo sí, pero Ananías no llevó las gafas.

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