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Mis amores,
Misiá Juliana, la mamá de Duque; misiá Gloria, la suegra; Tola y yo tuvimos la dicha de hacer parte de la comitiva presidencial que visitó al papa, como representantes de la sociedá senil, y Julito en su calidá de periodista independiente.
Antes del viaje nos reunimos las cuatro agüelas pa descoger los regalos pa su santidá: Tola y yo propusimos un produto típico colombiano, pero misiá Juli nos regañó: ¡Cómo se les ocurre llevale cocaína al papa!
No, señora, le aclaramos, nosotras pensábamos en achiras o habas tostadas… La verdá, ni se me ocurre qué dale al papa, suspiró misiá Gloria. Pensé en una corbata, pero jamás lo veo de cachaco. A los hombres siempre les cae al pelo que los surtan de medias y calzoncillos, dijo misiá Juli.
Cuando llegamos al Vaticano casi no nos dejan dentrar a Tola y yo quizque porque no llevábamos manto sino pañueleta, pero fortunadamente Jorge Mario Isman le dijo al portero: ¿Usté no sabe quién soy yo? ¡Soy el tocayo del papa!
Duque nos pidió a Tola y a mí que lo acompañáramos a la entrevista privada con el sumo pontífis pa que le sirviéramos de intérpretes en caso de que al papa le diera por hablar en lunfardo, cosa que sucede cuando entra en confianza.
Precavidas, Tola y yo cargamos con la pelota y la guitarra, por si la conversación decaía Ivancho tuviera un as bajo la manga y sorprendiera al papa con la interpretación del Santo cachón o le hiciera la veintiuna.
Lo primero que le preguntó el papa fue:
—Ivancito, ¿vos ya hiciste la primera comunión?
—Claro, santísimo padre, y aprovecho pa una inquietú: ¿la hostia tiene gluten?
—Te quiero felicitar, pibe —dijo el papa dulcemente—. Pasiar con la suegra es un gesto de paz. Y hablando de paz, che, ¿qué fue de la vida del “doctor cizaña”?
—Ahí está, su santidá, dando guerra… —contestó Iván con desgano—. Ese nos va a enterrar a todos.
—Santo padre, ¿puede confesarme? —dijo Ivancito. El papa Francisco nos miró, pero Duque le hizo señas de que podíamos oír. Su santidá, a veces me provoca traicionar al que sabemos.
—Cúchame, pendejo (muchacho), ¿cuándo te vas a liberar de ese bandayo (avispao)?
—Ay, santo padre, cuando tengo esos pensamientos me siento un judas.
—No sufrás, che, el pobre Judas tuvo que traicionar para salvar la humanidá. ¿Vos creés que traicionando a ese contamusa (culebrero) podés salvar la paz?
—Perdone, su santidá, pero me dan ganas de no negociar con el Eln pa que Él tenga su guerrita y me deje en paz.
—¡Mandalo al sorete (quinta porra)! Rogá que lo encanen (enguandoquen) pa que te deje de hinchar (fastidiar).
—No sé, su reverencia, estoy en una encrucijada del alma. Me está poniendo a hacer cosas en las que no creo: me hizo prohibir la dosis mínima de mariguana.
—¡No seas boludo (apelotardao)! Che, ¿quién aguanta un gobierno del Centro Democrático a palo seco (en sano juicio)?
—Mirá, pituco (niño bien) —siguió el papa—, Dios nos perdona traicionar cuando esa traición salva vidas inocentes, cuando esa traición les devuelve la tierra a los débiles, cuando es una traición por compasión… cuando traicionar es serle fiel a Jesucristo.
Tola y yo no aguantamos esas palabras tan bellas del santo papa y nos emperramos a chillar. Ivancito puso la mirada fulgurante del iluminao y un coro de ángeles, entre los que sobresalía Abelardo de la Espriella de sombrero y gafas oscuras, cantaba ¡’O sole mio! En esas dentró Jorge Mario Isman y se acercó al papa con los brazos bien abiertos: ¡Tocayo!
Grafitis: Apoyamos un año más para Duque, pero que se lo tome sabático.
Ñapa: El senador Ernesto Macías propone que se cree la figura de primera suegra de la Nación.
Ñapita: Príncipe saudí pide que lo juzgue la Comisión de Acusación del Congreso colombiano.
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