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Amables paisanas,
Soy el hermano de un expresidente y me acusan de pertenecer a Los 12 Apóstoles con las pruebas de que me llamo Santiago, soy el menor y sigo al Mesías. ¿Cuál es el odio contra mi hermano Álvaro? ¿Qué les hizo? ¿Por qué hay gente que le reza a mi Dios pidiéndole: Señor, dame vida para ver a Uribe preso?
Atentamente,
Santi, no santista.
Querido ganadero,
Por su letra vemos que lo suyo no es la academia. A nosotras nos duele su detención porque lo conocemos desde cagón, cuando brinconiaba por los mortiños de la finca Guacharacas, a donde bajábamos Tola y yo descolgándonos desde Yolombó por esas faldas donde se resbala un gato herrao.
Le vamos a contar otra vez cómo conocimos a la guerrilla: Tola y yo estábamos temperando en el corregimiento La Susana, en Maceo, Antioquia, y el 31 de diciembre, cuando todos estábamos güetes, perfumaos y estrenando, llegaron los “muchachos” y delante todos mataron a un jovencito robagallinas.
¿Y sabe lo que más nos dolió? Que nos hubieran dañao la pachanga, pudiendo matarlo el primero de enero. Ahí le cogimos más inquina a los chusmeros de las Far, por aguafiestas.
Cuando alguno de nuestros nietos (Juaquín Stiven, Jáker Albeiro, Kevin Alcides, Ferney Maluma, Melani Graciela, Cindy Rosalba, Karen Gudiela, Berta Melisa…siguen firmas) nos pregunta cómo nacieron los paracos, les contamos el cuento:
Había una vez unos guerrilleros (unos con ideales, otros meros bandidos) que tenían azotao el campo a punta de vacunas, estorsiones, secuestros, reclutamiento, minas quiebrapatas…Qué tósigos, Virgen Santísima.
Y como la ley no daba abasto pa encanar tanto muérgano, los campesinos de modito se armaron con escopetas pa autodefenderse, como era su derecho y con el consentimiento del alto gobierno.
Pero esos grupos de autodefensa, bien intencionados en cuidar su propia vida, pasaron de autodefensivos a ofensivos y se esmeraron en acabar hasta con el nido de la perra, llevándose por delante muchos inocentes.
Y le vamos a contar algo que nos da pena porque no es cristiano: Tola y yo tuvimos un ranchito de recreo en una vereda de Marinilla y un vecino nos robaba tiro por lapo, hasta que un grupo de limpieza lo “fumigó” y nosotras sentimos un fresquito.
Como ves, querido caballista, nosotras también le hicimos ojitos a Los 12 Apóstoles, nuestros salvadores. Todos nos equivocamos: los unos queriendo hacer justicia social a la brava y otros apóstoles aplicando justicia divina.
En fin, te deseamos mucha suerte demostrando tu inocencia y te rogamos confiar en la justicia colombiana, que cojea de las dos patas pero no hay más. Lo ideal sería tener un fiscal estranjero, un primo de Pékerman ajualá bien macancán y robusto, que no quepa en el bolsillo de ningún presidente.
Tus tías que te quieren,
Tola y Maruja
Posdata: A Tola y yo nos parece bien que los guerrilleros dejen de echar bala y hagan política pa darnos el gusto de no votar por ellos.