Nos nos consta

Tola y Maruja comparten la carta que le escribió el presidente Duque al Niño Jesús

Tola y Maruja
22 de diciembre de 2019 – 12:00 a. m.

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Hoy sí le dimos gusto al presidente Duque con un desayuno de arriero: lo empetacamos de asadura, obispo de cerdo, ubre, natilla, buñuelos… Quedó de cama.

Le queríamos dar un tris de alegría en esta semana donde su desaprobación llegó al 70 % y la diretora de Medecina Legal dijo que hay que desenterrar 200.000 cuerpos sin identificar.

Y como al caído, caele, los empresarios del país lo rajaron con un 2,8 de calificación. O sea: perdió el bendito año. No ganó ni la materia que le facina: zurrunguiar la guitarra.

Y la cereza del pudín es que la guerrilla le está preparando un autoatentao con un enfermo terminal, al que mandarían al Palacio de Nariño con un domicilio de alitas barbiquiú.

Venga pues mi buñuelito escríbale la carta al Niño Jesús —le dijo Tola quitándole el babero. Y mientras nosotras lavamos la loza, Ivancito le escribió esta preciosa carta al rey de las naciones:

“Querido Niño Jesús, espero que te encuentres bien en compañía de tu Sagrada Familia y que ojalá la pólvora te haya dejado dormir y que ningún globo haya caído en tu pajita.

Te cuento divino Niño que me he manejado muy bien y me aguanto las ganas de agarrarme con Petrico, el chino que me la tiene velada y que está azuzando un paro que ya está más largo que la película El irlandés.

He sido muy obediente: mi apá me dijo que le hiciera exenciones tributarias a sus amigos ricachones y que nombrara a sus conocidos en la burocracia, y le hice caso.

Reconozco que pelié con Cesitar Gaviria, pero me reconcilié con Germancito Vargas, que me apoyó la reforma tributaria, de la que dicen los fastidiosos que contiene tantos micos que la debió impulsar el ministro de Ambiente.

No niego que soy impopular y poco eficiente y que he pecado de envidia con Peñalosa, que al menos va de salida a viaticar con la Volvo. No me volví a mojar en la cama desde que me hicieron orinar sobre ladrillos calientes.

He tenido malos pensamientos: me sueño acariciando una hamburguesa triple carne con tocineta agrandada, mientras me escurren por los brazos salsas fosforescentes… ¡Ñam!

De traído quiero una gruesa de donas rellenas de almíbar y un galón de malteada. Y te ruego un gran favor, Adonai preclaro: si Petrico te pide una cacerola, me traes a mí unos tapones de oídos”.

En esas dentró a la cocina la vice Martica con la mala noticia que la embajada rusa nos devolvió la cuenta de cobro por la participación en las marchas. ¿Y que por qué? —preguntó Tola.

Porque ustedes facturaron varias marchas y los rusos solamente reconocen la del 21 de noviembre. Qué rabia —dijo Tola rompiendo la cuenta—, y vieras Martica cómo nos pusieron a voltiar en esa embajada:

Llegamos, y el portero llamado Rasputín nos mandó quizque donde el dotor Dostoyesky y ese nos dijo que era con el secretario Tolstoy y ese nos rumbó donde el revisor Gogol, que nos señaló con la boca a la tesorera Matrioska… y a la salida casi nos muerde Laika.

Aquí no hay estabilidá laboral, Martica: nos contrata el Foro de São Paulo y nos salen con que le cobremos a los rusos… ¡Tienen güevo!

Tías, ya terminé la carta, miren. Muestre a ver, Ivancito. ¿Y por qué firmó como si sumercé fuera el Niño Dios?

Payola: hoy vamos en familia pal desfile artístico “Un canto por Colombia” de Medellín. Les deseamos una Nochebuena amorosa y sin pólvora.

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